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Sembler, Camilo · UNMDP · 2026
Núcleo 2

Estratificación social y clases sociales. Una revisión analítica de los sectores medios

Revisión de los principales enfoques teóricos sobre estratificación social y clases sociales, con foco en la identificación analítica de los sectores medios en América Latina.

Este texto de Camilo Sémbler, publicado por la CEPAL en 2006, es una revisión analítica de las principales teorías sociológicas sobre estratificación social y clases sociales, con especial atención a cómo cada una de esas teorías explica —o tiene dificultades para explicar— a los sectores medios. El texto recorre las grandes corrientes del pensamiento sociológico: el marxismo, la perspectiva weberiana y el funcionalismo, y luego avanza hacia los debates contemporáneos y latinoamericanos sobre el tema.

Para estudiantes de medicina, este texto es relevante porque la salud no es un hecho puramente biológico: está profundamente condicionada por el lugar que ocupa cada persona en la estructura social. La clase social determina el acceso a la atención médica, la exposición a factores de riesgo, la calidad de la vivienda, la alimentación y las posibilidades de movilidad social. Entender cómo se conceptualiza la estructura de clases ayuda a comprender por qué determinadas poblaciones enferman más, tienen peor pronóstico y acceden menos al sistema de salud.

El argumento central del texto es que no existe una sola manera de definir qué es una clase social ni cómo se delimitan los sectores medios. Cada enfoque teórico utiliza criterios distintos —la propiedad de los medios de producción, la posición en el mercado, el prestigio ocupacional— y eso produce mapas diferentes de la sociedad. Sémbler muestra que las perspectivas más recientes intentan combinar varios de esos criterios para capturar mejor la complejidad de las sociedades actuales, especialmente en América Latina.


1. El enfoque marxiano: clases, propiedad y explotación

La perspectiva marxiana —es decir, la teoría original de Marx, no todas las corrientes que se derivaron de ella— parte de una premisa simple pero poderosa: los grupos sociales se diferencian y jerarquizan según su relación con el proceso de trabajo. Más concretamente, lo que define a una clase es si sus miembros son propietarios o no de los medios de producción. Los medios de producción son todo aquello que se necesita para producir: las fábricas, las máquinas, la tierra, las herramientas. Quien los posee puede controlar el trabajo de otros; quien no los posee debe vender su fuerza de trabajo para sobrevivir.

En el capitalismo, este esquema genera dos clases fundamentales: la burguesía (propietaria de los medios de producción) y el proletariado (que solo tiene su fuerza de trabajo). Y entre ambas existe una relación de explotación: los no-propietarios producen un valor que es apropiado por los propietarios a través de la plusvalía. Esta relación de explotación no es accidental ni modificable dentro del sistema: es estructural. Por eso el análisis marxiano concibe a las clases como portadoras de intereses antagónicos, y a la historia como el escenario de un conflicto entre ellas.

El problema que esto genera para los sectores medios es evidente: si el esquema es binario (propietarios / no propietarios), ¿dónde quedan todos los que no encajan claramente en ninguna de las dos categorías? Marx manejó dos salidas, ninguna del todo satisfactoria. La primera fue considerar a los sectores medios como grupos transicionales: resabios de modos de producción anteriores al capitalismo que, con el avance de la modernización, irían siendo absorbidos por el proletariado (la famosa “tesis de la pauperización creciente”). La segunda fue incluirlos como fracciones de la burguesía: la “pequeña burguesía”, dueña de pequeños negocios o talleres. Ninguna de estas lecturas logra capturar de forma positiva y precisa a los sectores medios; los define siempre por lo que no son o por lo que serán en el futuro. Esa limitación será uno de los motores del debate sociológico posterior.

2. El enfoque weberiano: mercado, estamentos y multidimensionalidad

Max Weber amplió considerablemente el horizonte del análisis de la estratificación al proponer que el poder —entendido como la capacidad de imponer la propia voluntad sobre otros— no proviene de una sola fuente, sino de tres distintas: los bienes económicos en el mercado (poder de disposición), el honor social o prestigio (poder social) y el poder político. Esto implica que la jerarquización social no puede reducirse a una sola dimensión, como hacía Marx. Una persona puede tener mucho dinero y poco prestigio, o mucho prestigio y poco poder político. La sociedad es multidimensional.

Para Weber, la situación de clase se define por la posición que ocupa un individuo en el mercado: qué bienes puede ofrecer, qué servicios puede vender, qué oportunidades de vida se abren o se cierran a partir de esa posición. Esto incluye tanto el mercado de bienes como el mercado de trabajo. Las personas que comparten una situación de clase tienen en común un componente causal en sus probabilidades de obtener ingresos. Dentro de cada clase, sin embargo, existe diversidad interna: no es lo mismo ser rentista que empresario, aunque ambos sean propietarios. Por eso Weber introduce el concepto específico de clase social para referirse a conjuntos de situaciones de clase entre las cuales es fácil y frecuente la movilidad —tanto personal como intergeneracional.

En este marco, los sectores medios aparecen como posiciones intermedias tanto entre las clases propietarias como entre las clases lucrativas. Incluyen a quienes dependen principalmente de cualificaciones educativas para obtener ingresos, a los artesanos y campesinos independientes, a los funcionarios públicos y privados y a los profesionales liberales. Además, Weber introduce el concepto de grupos estamentales, que son grupos definidos no por su posición económica sino por un estilo de vida reconocido y valorado socialmente. Los estamentos monopolizan ciertos bienes materiales y simbólicos que definen su modo de vida, y tienden a resistir la libre evolución del mercado porque ésta amenaza sus monopolios. Este concepto será especialmente útil para comprender por qué los sectores medios no solo se definen por lo que ganan sino por cómo viven, cómo se identifican y qué valores comparten.

3. El enfoque funcionalista: prestigio, ocupación y familia

El funcionalismo —corriente muy influyente en la sociología norteamericana, asociada al nombre de Talcott Parsons— aborda la estratificación desde una óptica radicalmente distinta. No pregunta cómo se genera la desigualdad ni quién explota a quién: pregunta cómo la desigualdad contribuye a la estabilidad y el funcionamiento de la sociedad. La respuesta funcionalista es que la estratificación existe porque es necesaria: la sociedad necesita que las posiciones más importantes estén ocupadas por las personas más capaces, y para eso crea un sistema de recompensas diferenciales (prestigio, ingresos, estatus) que motivan a los individuos a esforzarse por ocupar esos lugares.

El elemento central de la estratificación funcionalista es el status, es decir, la posición que un individuo ocupa en una escala de prestigio social. Ese prestigio se determina principalmente por la estructura ocupacional: los roles de trabajo son valorados según su importancia funcional para la sociedad y la escasez del talento o entrenamiento que requieren. Un médico tiene más prestigio que un cajero no porque gane más, sino porque su rol es considerado más importante y más difícil de reemplazar. Además de la ocupación, Parsons considera otros factores: el sistema de intercambio, la propiedad, las cualidades personales, los logros, la autoridad y las unidades de parentesco (la familia extendida).

Es precisamente este último elemento el que resulta más peculiar y relevante para la identificación de los sectores medios en el funcionalismo. Las familias son concebidas como la unidad básica de solidaridad social: sus miembros comparten una posición de prestigio y no compiten entre sí por status ocupacional. La distinción entre clase media y clase baja, para Parsons, no es solo de ocupación y prestigio: también reside en el tipo de familia y los rasgos culturales que la caracterizan. En las clases bajas predominarían valores y actitudes que tienden a reproducir la posición de subordinación; en los sectores medios, en cambio, predominarían actitudes orientadas a la movilidad, la educación y la aspiración. Esta dimensión cultural de la clase media —su tipo de familia, sus valores, su modo de vida— será desarrollada extensamente por investigaciones posteriores.

4. El legado de los clásicos: debates y limitaciones

Los tres enfoques clásicos comparten un aporte fundamental: introdujeron los conceptos básicos que todavía hoy usamos para analizar la estratificación social: clase, status, situación de mercado, estructura ocupacional, movilidad social. Sin ellos, no habría punto de partida para ninguna investigación empírica ni teórica posterior. Pero también comparten una limitación importante: los tres están construidos sobre lo que Sémbler llama un paradigma productivista. Es decir, los tres ubican el trabajo y la estructura ocupacional en el centro del análisis. Para Marx, las clases se definen en el proceso productivo; para Weber, en el mercado de trabajo; para el funcionalismo, en los roles ocupacionales. Esto lleva a una imagen de la estratificación algo estática, donde las acciones, las relaciones y los conflictos entre grupos tienen poco protagonismo.

Otra limitación compartida es la dificultad para conceptualizar de forma positiva y precisa a los sectores medios. Ninguno de los tres enfoques fue construido pensando en ellos: los sectores medios aparecen como residuo (lo que no es ni burguesía ni proletariado), como posición intermedia en una escala de mercado, o como un tipo particular de familia. En ningún caso como actores con una identidad y lógica propias.

Los análisis contemporáneos intentarán superar estas limitaciones de dos maneras. Por un lado, combinando los criterios de los clásicos en lugar de elegir uno solo: un buen mapa de clases debe considerar la propiedad, la posición de mercado, el prestigio ocupacional y la movilidad intergeneracional al mismo tiempo. Por el otro, introduciendo nuevos mecanismos de diferenciación social más allá del trabajo: el consumo, el capital cultural, la educación, las identidades simbólicas. La investigación sociológica del siglo XX y XXI, especialmente en América Latina, puede entenderse como un largo intento de ampliar y complejizar el marco que los clásicos legaron.

5. El debate sobre los sectores medios en el capitalismo de posguerra

A partir de mediados del siglo XX, el crecimiento acelerado del sector de servicios en las economías capitalistas generó un fenómeno masivo: el aumento enorme de los trabajadores de cuello blanco, es decir, empleados de oficina, vendedores, técnicos, funcionarios administrativos. Este grupo no encajaba fácilmente en las categorías clásicas: no eran obreros industriales (cuello azul), pero tampoco eran propietarios ni capitalistas. ¿Eran clase media? ¿Eran una nueva clase? El debate sociológico fue intenso.

En América Latina, el problema adquirió una dimensión particular vinculada al desarrollismo: el modelo de modernización económica que desde los años 50 apostó por la industrialización como motor del crecimiento. En ese marco, el Estado expandió enormemente su aparato burocrático —educación pública, salud pública, administración— y eso generó un crecimiento notable del empleo público. Una parte importante de lo que se llama “clase media latinoamericana” se construyó en torno al empleo estatal: maestros, enfermeros, empleados administrativos, profesionales del sector público. Este origen estatal marcó a los sectores medios latinoamericanos con una dependencia particular del Estado y una vulnerabilidad específica ante los recortes del gasto público y las reformas neoliberales.

Este debate es directamente relevante para comprender la situación de los trabajadores de la salud en Argentina: médicos, enfermeros y personal administrativo del sistema público forman parte de esos sectores medios construidos históricamente en torno al empleo estatal. Sus condiciones laborales, sus salarios y su estatus social están íntimamente ligados a las decisiones de política pública sobre el gasto en salud.

6. Los análisis contemporáneos: Wright, Goldthorpe y América Latina

Los enfoques teórico-relacionales contemporáneos intentaron superar las limitaciones de los clásicos construyendo mapas de clases más complejos y empíricamente operacionalizables. Dos autores son especialmente influyentes. Erik Olin Wright, desde una perspectiva marxista renovada, propuso que las clases no se definen solo por la propiedad de los medios de producción, sino por tres tipos de explotación simultáneos: la explotación basada en la propiedad de activos productivos, la basada en el control de activos organizacionales (autoridad) y la basada en la posesión de activos de cualificación (credenciales educativas). Esto genera “posiciones contradictorias de clase”: personas que son explotadas en una dimensión pero explotan a otros en otra. Los gerentes y técnicos calificados son el ejemplo típico: asalariados que, sin embargo, ejercen autoridad sobre otros y poseen credenciales escasas. Con este esquema, Wright puede incluir a los sectores medios como categorías positivas y no residuales.

John H. Goldthorpe, desde una perspectiva weberiana, construyó su mapa de clases a partir de las condiciones de empleo: la distinción fundamental es entre contratos de trabajo (salario a cambio de esfuerzo, típico de los trabajadores manuales) y relaciones de servicio (confianza, autonomía y perspectivas de carrera, típico de los profesionales y managers). Los sectores medios en Goldthorpe son principalmente la “clase de servicio” —profesionales, directivos, técnicos— que ocupan una posición de confianza en la organización del trabajo. Este esquema ha sido muy utilizado en la investigación empírica europea y latinoamericana sobre movilidad social.

En América Latina, las investigaciones empíricas de autores como Portes y Hoffman, León y Martínez, y Néstor do Valle Silva aplicaron y adaptaron estos marcos a las particularidades regionales: alta informalidad, peso del cuentapropismo, heterogeneidad estructural y desigualdad mucho más pronunciada que en Europa. Los resultados muestran que en la región los sectores medios son más pequeños, más vulnerables y más heterogéneos que sus equivalentes en el norte global.

7. Las perspectivas recientes: consumo, capital cultural y nuevas clases medias

Desde los años 80 y 90, un conjunto de transformaciones globales obligó a revisar los esquemas de análisis: la expansión educativa masiva, el crecimiento del consumo como marcador de identidad social, el auge de servicios financieros y culturales, y los procesos de globalización económica. En este contexto emergió el debate sobre las “nuevas clases medias”, que ya no se definen principalmente por su ocupación sino por su capacidad de consumo y su acceso a bienes culturales.

El concepto de capital cultural —asociado al sociólogo Pierre Bourdieu— adquirió aquí especial relevancia. El capital cultural es el conjunto de conocimientos, habilidades, títulos educativos y disposiciones culturales que una persona acumula y que le permite acceder a posiciones ventajosas en la sociedad. En América Latina, la expansión de la educación universitaria fue un mecanismo central de movilidad social para los sectores medios durante el siglo XX. Pero también generó nuevos clivajes: no todos los títulos valen lo mismo, no todos los accesos a la educación son equivalentes, y la credencial educativa puede reproducir tanto como transformar las jerarquías sociales.

Para el campo de la salud, estas perspectivas son especialmente útiles. El acceso diferencial a la información médica, la capacidad de navegar el sistema de salud, la posibilidad de elegir entre opciones terapéuticas y el trato diferenciado que reciben los pacientes según su clase social son fenómenos que solo se pueden comprender si se toman en serio tanto la dimensión económica como la cultural de la estratificación. Un paciente con capital cultural alto puede entender mejor su diagnóstico, preguntar más, pedir segunda opinión, resistir tratamientos que no le convencen. Un paciente sin ese capital está en una posición de mayor vulnerabilidad frente al sistema médico.


Estratificación social

La estratificación social es el proceso por el cual los individuos y grupos de una sociedad son ordenados jerárquicamente según criterios socialmente significativos (riqueza, prestigio, poder). No es un fenómeno natural ni inevitable: es el resultado de cómo se organiza la producción, la distribución de recursos y el reconocimiento simbólico en una sociedad concreta. Distintos enfoques teóricos enfatizan distintos criterios para explicar este ordenamiento.

Clase social

En sentido amplio, una clase social es un grupo de personas que comparten una posición similar en la estructura social y que, por ello, tienen intereses, condiciones de vida y oportunidades parecidas. Según el enfoque que se adopte, esa posición puede definirse por la propiedad de medios de producción (Marx), la situación en el mercado (Weber), el rol ocupacional (funcionalismo) o una combinación de varios factores (enfoques contemporáneos). Lo decisivo es que las clases no son solo categorías estadísticas: implican identidades compartidas y potencial de acción colectiva.

Medios de producción

Son todos los recursos necesarios para producir bienes o servicios: fábricas, máquinas, tierra, tecnología, capital financiero. En el análisis marxiano, quién posee los medios de producción y quién no es la distinción fundamental que define las clases sociales. Los propietarios pueden controlar el trabajo ajeno; los no propietarios deben vender su fuerza de trabajo. Esta distinción genera una relación estructural de explotación.

Situación de clase (Weber)

Para Weber, la situación de clase es la posición que un individuo ocupa en el mercado: qué bienes o servicios puede ofrecer, con qué posibilidades de valorización. Las personas en la misma situación de clase comparten un componente causal en sus oportunidades de vida —sus probabilidades de obtener ingresos, acceder a bienes, protegerse de riesgos. No equivale a un grupo concreto: es una posición estructural que puede o no generar identidad colectiva.

Status

El status es la posición que ocupa un individuo en una escala de prestigio o reconocimiento social. Mientras la clase remite a la esfera económica y productiva, el status remite a la esfera simbólica: cuánto se valora y respeta socialmente a alguien. Para el funcionalismo, el status es el concepto central de la estratificación. En la práctica cotidiana —incluyendo la relación médico-paciente— el status de una persona influye sobre cómo es tratada por las instituciones.

Grupos estamentales

Los grupos estamentales son colectivos que se definen por compartir un estilo de vida reconocido y valorado socialmente, y que monopolizan ciertos bienes materiales y simbólicos que les dan identidad. A diferencia de las clases —que se basan en la posición de mercado y tienden a crecer con el desarrollo económico— los estamentos se apoyan en el honor y el reconocimiento, y tienden a resistir los cambios de mercado que amenazan sus privilegios. La “clase médica” como grupo con una identidad cultural particular, un lenguaje propio y ciertos privilegios simbólicos puede analizarse parcialmente como un estamento.

Movilidad social

La movilidad social es el grado en que los individuos pueden cambiar de posición en la jerarquía social a lo largo de su vida (movilidad intrageneracional) o respecto a la generación anterior (movilidad intergeneracional). Una sociedad con alta movilidad es una donde el origen social no determina completamente el destino. Una sociedad con baja movilidad reproduce las desigualdades de generación en generación. En América Latina, la movilidad social está muy condicionada por el acceso a la educación y al empleo formal.

Capital cultural

Concepto desarrollado por Pierre Bourdieu que refiere al conjunto de conocimientos, habilidades, credenciales educativas y disposiciones culturales que una persona acumula y que le confieren ventajas en la vida social. El capital cultural puede existir en estado incorporado (habilidades y conocimientos interiorizados), objetivado (libros, obras de arte) o institucionalizado (títulos y diplomas). En el campo de la salud, el capital cultural de un paciente influye en su capacidad de comprender diagnósticos, comunicarse con profesionales de la salud y tomar decisiones informadas.

Sectores medios / clases medias

Los sectores medios son el conjunto de grupos sociales que ocupan posiciones intermedias en la jerarquía social: ni en la cima (grandes propietarios, élites) ni en la base (trabajadores informales, sectores en situación de pobreza). Su definición precisa varía según el enfoque teórico. Lo que comparten es cierta estabilidad económica, acceso a educación, empleo formal o calificado y un estilo de vida que los diferencia tanto de las élites como de los sectores populares. En América Latina son heterogéneos y vulnerables, con franjas que pueden caer en situación de pobreza ante crisis económicas.

Paradigma productivista

Expresión usada por Sémbler para describir un rasgo común a los tres enfoques clásicos de la estratificación: los tres ubican el trabajo y la estructura ocupacional en el centro del análisis. Esto genera una imagen de la sociedad donde quien no trabaja o trabaja en el mercado informal queda mal representado, y donde dimensiones como el consumo, la identidad cultural o las relaciones de género ocupan un lugar secundario. Las perspectivas contemporáneas intentan superar este paradigma ampliando los factores que definen la posición social.


Dimensión Enfoque marxiano Enfoque weberiano Enfoque funcionalista
Criterio central de estratificación Propiedad / no propiedad de los medios de producción Posición en el mercado (poder de disposición, social y político) Prestigio y valoración social del rol ocupacional
Concepto clave Clase social (basada en relaciones de producción) Clase social + grupos estamentales + partido Status (posición en escala de prestigio)
Naturaleza de las relaciones de clase Explotación y conflicto de intereses antagónicos Dominación y distribución desigual del poder Diferenciación funcional necesaria para la integración social
Lugar de los sectores medios Transicionales (pequeña burguesía o futuros proletarios) Posiciones intermedias entre clases propietarias y lucrativas Tipo específico de familia y rasgos culturales particulares
Movilidad social Limitada; tiende a la polarización entre clases Central: define qué es una 'clase social' (intercambio típico) Posible a través de mérito, educación y esfuerzo individual
Relevancia para salud Explica desigualdad estructural en acceso a recursos Explica oportunidades de vida diferenciales según mercado Explica diferencias de status entre profesionales de la salud