La historicidad del sexo
Analiza el origen médico del concepto de género y cuestiona el carácter natural del sexo biológico, examinándolo como un producto histórico y normativo.
Este texto es un capítulo del libro Sexo, género y sexualidades de la filósofa y feminista francesa Elsa Dorlin. Explica la génesis histórica de los conceptos de sexo, género y sexualidad y sus imbricaciones.
El argumento central de Dorlin es que no solo el género es una construcción social, sino también lo que consideramos “sexo biológico”. Cuestiona el determinismo biológico demostrando cómo la medicina interviene activamente sobre los cuerpos para adaptarlos a normas heterosexuales y binarias presociales.
1. El género nació en la medicina, no en el feminismo
El primer punto que hace Dorlin es histórico: el término “género” no fue inventado por las feministas. Lo inventaron los médicos en la primera mitad del siglo XX para tratar a bebés nacidos con intersexualidad (anteriormente clasificados bajo el término patologizante de “hermafroditismo”).
Frente a una anatomía genital que no permitía clasificar claramente al recién nacido como “macho” o “hembra”, los médicos recurrieron a intervenciones quirúrgicas para asignarle el “buen sexo”. Para decidir qué forma anatómica construir, utilizaron lo que John Money denominó “rol de género” (comportamientos y expectativas sociales correspondientes a hombre o mujer).
En los años 50, Robert Stoller sistematizó la distinción entre sexo biológico (anatómico) e identidad de género (psicológica). El caso paradigmático y polémico de Bruce/Brenda (reasignado como niña tras una circuncisión fallida) demostró la violencia médica de intervenir un cuerpo sano para adaptarlo forzosamente a una norma social de binarismo.
2. El 'sexo biológico' no es neutral: es una construcción con historia
Aunque la socióloga Ann Oakley distinguió formalmente en 1972 el sexo del género, Dorlin va más allá argumentando que el propio “sexo biológico” es una construcción. La medicina ha definido el sexo a través de diferentes criterios biológicos sucesivos desde el siglo XVII:
- Sexo humoral: definido por los temperamentos (frío/cálido, húmedo/seco).
- Sexo gonádico: basado en testículos u ovarios.
- Sexo hormonal: centrado en hormonas consideradas femeninas o masculinas.
- Sexo cromosómico: determinado por cromosomas XX y XY.
La bióloga Anne Fausto-Sterling demostró que aplicar rigurosamente todos estos criterios a la vez revela que la sexuación biológica real excede el binarismo. Clasificar a la población en solo dos sexos es un “obstáculo epistemológico”: impone una norma social binarista sobre la variabilidad biológica real de los cuerpos.
3. 'El género precede al sexo': los protocolos de intersexualidad como prueba
Los protocolos de atención a bebés intersex muestran que el género es en realidad el fundamento para definir el sexo, y no al revés. La comisión médica decide la reasignación en las primeras 48 horas basándose en criterios normativos:
- Es técnicamente más fácil construir una vagina que un pene funcional, lo que sesga las reasignaciones hacia el sexo femenino.
- El tamaño del clítoris o del pene se evalúa según cánones estéticos de virilidad y femineidad socialmente aceptados.
- La aptitud para la penetración vaginal heterosexual ha sido históricamente el principal criterio de éxito de una reconstrucción quirúrgica.
La norma social de la heterosexualidad y el género decide cómo debe esculpirse el cuerpo. El género precede al sexo: el cuerpo material es modificado para ajustarse a la norma social preexistente.
4. La heterosexualidad como sistema político
Dorlin analiza la sexualidad a partir del concepto de “sistema sexo/género” propuesto por la antropóloga Gayle Rubin en 1975: el conjunto de disposiciones sociales mediante las cuales el material biológico de la reproducción es moldeado culturalmente.
Cuestiona al psicoanálisis freudiano argumentando que, aunque describe eficazmente cómo se fabrica psíquicamente la subordinación femenina (Complejo de Edipo, envidia del pene), termina naturalizando y legitimando la heterosexualidad obligatoria como destino maduro normal.
Retoma a la teórica Monique Wittig, quien afirmó de forma radical que “las lesbianas no son mujeres”. Wittig explica que si las categorías “hombre” y “mujer” se definen por la relación de opresión mutua dentro del matrimonio heterosexual, la lesbiana, al sustraerse de esa relación política, deja de pertenecer a la categoría de “mujer”.
5. Interseccionalidad: sexo, raza y clase como categorías entrelazadas
El capítulo concluye con el concepto de interseccionalidad de Kimberlé Crenshaw. Las opresiones de género, raza y clase no operan por separado sumándose aritméticamente, sino que se articulan produciendo experiencias cualitativamente distintas.
Crenshaw ejemplifica esto con la violencia doméstica en mujeres afroamericanas, demostrando que su marginación es producto de la confluencia inseparable de racismo y sexismo. El feminismo hegemónico (blanco y burgués) incurrió en el error de universalizar su propia experiencia de opresión como si representara a la totalidad de las mujeres, invisibilizando a las minorías raciales y de clase.
Variación biológica natural donde los caracteres sexuales (cromosomas, gónadas, genitales) no encajan en la clasificación binaria estándar de macho o hembra. Históricamente patologizada por la medicina como “hermafroditismo”.
Término acuñado por sexólogos y psiquiatras en los años 50 (Money, Stoller) para designar los componentes socioculturales e identitarios de la sexuación, utilizados originalmente como criterio para reasignar quirúrgicamente a bebés intersex.
Concepto aplicado a la bicategorización sexual estricta. Limitar la variabilidad biológica a solo dos sexos (macho/hembra) es una imposición normativa social que distorsiona el conocimiento científico sobre la biología humana.
Tesis de Dorlin que invierte el sentido común. El sexo no es la base biológica sobre la que se asienta el género; al contrario, es la norma de género preexistente la que dictamina, mediante discursos y bisturís, cómo deben configurarse los sexos.
Concepto de Gayle Rubin que describe los mecanismos sociales y culturales que transforman la sexualidad y la capacidad reproductiva biológica en actividades humanas estructuradas políticamente.
Régimen político y social que impone la heterosexualidad como la única orientación sexual normal, inteligible y legítima, estructurando a partir de ella la división social del trabajo y del poder.
Herramienta analítica de Kimberlé Crenshaw que examina cómo las categorías de género, raza, sexualidad y clase interactúan de manera simultánea en múltiples niveles, produciendo dinámicas de exclusión específicas.
Protocolo quirúrgico y endocrinológico aplicado a personas intersex o trans. Dorlin demuestra que en el caso de intersexualidad, estas cirugías son cosméticas y de normalización social, orientadas a asegurar la penetración heterosexual.