La construcción social de los cuerpos en las sociedades contemporáneas
Analiza cómo el cuerpo dejó de ser pensado como un dato natural y pasó a ser comprendido como un objeto social moldeado por la cultura, disciplinado por el poder, mercantilizado por el consumo y modificado por la tecnología.
Este artículo analiza el cuerpo como una construcción sociocultural. Barreiro sostiene que el cuerpo no es simplemente un soporte biológico neutro, sino un territorio moldeado por discursos históricos, relaciones de poder, el mercado de consumo y las biotecnologías.
A través de teóricos como Foucault, Bourdieu, Baudrillard y Mauss, la autora desmitifica la neutralidad del cuerpo y analiza cómo se producen los “cuerpos ideales” y las estigmatizaciones en las sociedades contemporáneas. Es fundamental para la práctica médica, ya que revela que el cuerpo del paciente está inscripto en relaciones sociales y de clase.
1. Naturaleza y cultura: por qué la sociología ignoró el cuerpo durante tanto tiempo
Durante décadas, la sociología clásica omitió el cuerpo por considerarlo un dato puramente biológico y no social. La herencia del dualismo cartesiano (separación mente/cuerpo) llevó a privilegiar la conciencia y el pensamiento del actor social, omitiendo que la acción humana se desenvuelve siempre en una corporalidad material.
Sin embargo, los cuerpos están socializados desde el nacimiento. Marcel Mauss demostró esto con las “técnicas del cuerpo”: actos como caminar, comer o sentarse no son naturales, sino aprendidos culturalmente. Mary Douglas complementó esto mostrando que el cuerpo físico es siempre un reflejo del cuerpo social: el control sobre el cuerpo (gestos, posturas) se intensifica a medida que la situación social requiere mayor formalidad.
2. El auge de la 'cultura somática': por qué el cuerpo se volvió central hoy
En las sociedades contemporáneas, el cuerpo cobró una centralidad inusitada en la economía, la cultura y la tecnología. Barreiro atribuye esta “cultura somática” a varias transformaciones históricas:
- El feminismo cuestionó el determinismo biológico que naturalizaba la desigualdad de género sobre la base de la anatomía reproductiva.
- La sociedad de consumo mercantilizó el cuerpo convirtiéndolo en un capital estético y publicitario.
- El envejecimiento demográfico colocó al cuerpo que declina en el centro de debates de previsión y salud.
- La secularización desplazó el cuidado del alma por la preservación y culto al cuerpo terrenal.
- Las tecnologías médicas extendieron los límites de la vida y de la muerte corporal.
3. Michel Foucault: el cuerpo como blanco del poder
Michel Foucault es el principal teórico del cuerpo como territorio del poder político. Sostiene que las sociedades modernas no controlan a los individuos mediante la fuerza bruta, sino a través del disciplinamiento minucioso de sus cuerpos.
En Vigilar y castigar introduce el concepto de “cuerpos dóciles”: cuerpos moldeados en instituciones cerradas (escuelas, fábricas, prisiones, hospitales) mediante rutinas temporales, distribución espacial y control del movimiento. Esta anatomopolítica produce cuerpos más productivos económicamente y más dóciles políticamente. En el sistema de salud, el hospital opera como dispositivo disciplinar que produce pacientes obedientes al saber médico.
4. El cuerpo femenino como objeto de disciplina: una crítica feminista
Las teóricas feministas cuestionaron que Foucault ignorara la dimensión de género en su análisis de los cuerpos dóciles. El cuerpo de las mujeres está sometido a disciplinas reguladoras mucho más invasivas que el de los hombres.
Sandra Lee Bartky identifica tres tipos de disciplinas corporales que fabrican el cuerpo femenino normalizado:
- Disciplinas de forma: control del peso mediante dietas restrictivas y cirugías estéticas (con la anorexia y bulimia como desórdenes clínicos extremos).
- Disciplinas de expresión: modales, gestualidad contenida, posturas corporales y miradas socialmente codificadas como femeninas.
- Disciplinas de superficie: ornamentación corporal, maquillaje y vestimenta reglada.
Al carecer de un centro de poder visible, estas normas se internalizan como deseos voluntarios de las propias mujeres, naturalizando su sujeción.
5. Pierre Bourdieu: el cuerpo como capital y como habitus
Pierre Bourdieu acuñó el término habitus: el conjunto de disposiciones y modales corporales estructurados por la posición social del individuo. El habitus se inscribe físicamente en el cuerpo (la forma de sentarse, de reír, los hábitos alimenticios y deportivos) expresando la clase social de origen.
El cuerpo funciona además como capital corporal: posee un valor social asimétrico. Las clases altas gozan de mayor coincidencia entre el cuerpo real y el ideal estético dominante, lo que les brinda seguridad. Las clases populares, al no alcanzar este canon, experimentan incomodidad o vergüenza corporal. Para la medicina, el cuidado o descuido corporal no es una simple elección psicológica, sino una expresión del habitus de clase.
6. El cuerpo como mercancía y signo en la sociedad de consumo
Jean Baudrillard demostró que en el capitalismo tardío el cuerpo es una mercancía fundamental de consumo. Se exige su mantenimiento y exhibición bajo el imperativo del bienestar y el éxito individual. El cuerpo sano y estético es la prueba visible del valor del sujeto.
Mike Featherstone distingue entre el “cuerpo interior” (salud, funcionalidad) y el “cuerpo exterior” (estética, apariencia). La salud ya no es solo ausencia de enfermedad, sino un valor estético que debe parecerse. La gordura y la obesidad se estigmatizan moralmente como un “fracaso personal” de autogestión, ignorando las causas sociales y económicas del acceso alimentario diferenciado.
7. Cuerpos, ciencia y tecnología: intervenciones sin límites
Las biotecnologías contemporáneas (ingeniería genética, reproducción asistida, trasplantes) han provocado lo que Anthony Giddens denomina la “socialización de la naturaleza”. Fenómenos tradicionalmente biológicos (el nacimiento, el envejecimiento y la muerte) ahora dependen de decisiones humanas y técnicas.
Esto abre dilemas bioéticos insalvables: el aborto, la eutanasia y la manipulación embrionaria. La medicina del siglo XXI no solo cura: define activamente los contornos de lo humano y del fin de la vida, convirtiendo las decisiones clínicas en debates éticos e ideológicos ineludibles.
Modos de usar el cuerpo (caminar, comer, descansar) que se aprenden culturalmente dentro de una sociedad. Demuestran que la motricidad más básica está socializada.
Concepto de Foucault que describe a los cuerpos sometidos a la disciplina institucional, diseñados para ser económicamente útiles y políticamente sumisos.
Disposiciones sociales estructuradas e internalizadas que se inscriben físicamente en la corporalidad, gestualidad y hábitos de los sujetos según su pertenencia de clase.
Valoración social que posee un cuerpo según los cánones estéticos e institucionales dominantes. Genera distinciones sociales y asimetrías de poder.
Término de Giddens para designar la transformación de procesos biológicos naturales en fenómenos regulados y modificados por la intervención tecnológica humana.
Sensibilidad cultural contemporánea que sitúa al cuerpo, su estética, su salud y su autogestión en el centro de las identidades y de la economía de consumo.
Conjunto de prácticas corporales minuciosas (dietas, depilación, maquillaje) que producen la apariencia femenina normativa, internalizadas voluntariamente por las mujeres.
División filosófica histórica que separa el cuerpo (materia biológica) de la mente (razón). Justificó que las ciencias sociales ignoraran la materialidad del cuerpo durante siglos.