Joan W. Scott · Institute for Advanced Study, Princeton · 2010
Núcleo 5

Género: ¿Todavía una categoría útil para el análisis?

Balance crítico a veinticinco años de su clásico artículo sobre el género, analizando su domesticación institucional y defendiendo su potencial subversivo como pregunta abierta.

De qué trata

En este artículo del año 2010, la historiadora feminista estadounidense Joan W. Scott repasa y reevalúa el concepto de género veinticinco años después de haber publicado su célebre ensayo fundacional en 1986. Scott analiza cómo el concepto ha migrado del activismo y la teoría crítica a las agendas burocráticas de organismos internacionales.

La pregunta central es si el género ha sido domesticado al punto de perder su capacidad analítica y subversiva, o si todavía es posible recuperarlo como una categoría que desestabilice las relaciones de poder establecidas y cuestione los supuestos de la biología médica.


Resumen explicado por temas

1. El punto de partida: la distinción sexo vs. género

Antes del auge del feminismo de la segunda ola en los años 70, la palabra “género” era principalmente una categoría gramatical. Las teóricas feministas se apropiaron de ella para desarticular el determinismo biológico imperante, estableciendo una división conceptual clara:

  • Sexo: refiere a las características biológicas (cromosomas, gónadas, hormonas y anatomía).
  • Género: refiere a los significados culturales que cada sociedad asigna a esas diferencias biológicas.

La formulación política implícita era que si los roles asignados a varones y mujeres (la subordinación femenina, la división del trabajo doméstico) son construcciones socioculturales y no hechos biológicos inmutables, entonces pueden ser transformados históricamente. Nadie “nace mujer” en términos sociales, sino que se llega a serlo.

2. La trampa: la domesticación burocrática del género

Scott advierte que con el correr de los años noventa el concepto de género experimentó un proceso de vaciamiento de su filo político. En lugar de utilizarse como una herramienta crítica para interrogar la construcción del binarismo, pasó a emplearse como un sinónimo educado o políticamente correcto de “sexo” o “mujeres”.

Un hito de esta domesticación fue la Conferencia sobre la Mujer de la ONU en Beijing (1995). Ante la oposición de sectores eclesiásticos y gobiernos conservadores —quienes alertaban que la noción de género habilitaba la existencia de múltiples orientaciones e identidades disidentes— se resolvió diplomáticamente usar el término en su “significado comúnmente aceptado” sin conceptualizarlo. La palabra se popularizó a nivel global a costa de su potencial crítico.

3. El problema de la categoría fija de 'mujeres'

Scott retoma las formulaciones de la historiadora Denise Riley para señalar que la categoría de “mujeres” es en sí misma problemática. Frecuentemente se la utiliza como si describiera una esencia natural u homogénea. Pero lo que significa ser mujer varía ostensiblemente según el período histórico, la cultura y la clase social.

Si la historia de las mujeres asume que su objeto de estudio es un sujeto biológicamente evidente y estático, reproduce el mismo determinismo biológico que pretendía combatir. El cuerpo y las mujeres no son datos neutros sobre los que actúa la cultura: son conceptos cuyos contornos mismos se definen a través de discursos históricos variables.

4. ¿Bajo qué condiciones el género sigue siendo útil?

Para Scott, el género recupera su utilidad analítica si se lo emplea no como una respuesta clasificatoria (una casilla burocrática para completar planillas), sino como una pregunta abierta. La utilidad reside en usar la categoría para historizar cómo, bajo qué condiciones y con qué efectos de poder se han construido las diferencias sexuales en un tiempo y espacio específicos.

Deja de ser útil cuando se reduce a describir pasivamente roles de género prefijados (“lo que hacen los varones y las mujeres”). Su valor reside en desnaturalizar las clasificaciones que sostienen las asimetrías de poder.

5. Cuestionamiento del binario: la crítica de Butler y Haraway

La distinción estricta entre sexo (naturaleza) y género (cultura) fue desmontada por teóricas contemporáneas como Judith Butler y Donna Haraway. Argumentan que el propio “sexo biológico” no es una base biológica ajena al lenguaje. No existe un cuerpo natural cognoscible con neutralidad antes de las redes de significado de la cultura.

El sexo no precede al género: es el género el que delimita y produce lo que la medicina y la biología consideran como “sexo natural”. Esto tiene implicaciones clínicas profundas, al demostrar que la verdad del cuerpo biológico siempre está mediada por clasificaciones sociales e institucionales.


Conceptos clave
Sexo

Dimensión anatómica y fisiológica de la sexuación. Scott y Butler demuestran que sus criterios no son puramente naturales, sino leídos a través de normas interpretativas.

Género

Construcción cultural que dota de significado social a la diferencia sexual. Debe ser utilizado como categoría de análisis relacional y de poder, no como sinónimo de “mujeres”.

Domesticación

Vaciamiento político del potencial crítico del género al ser incorporado como herramienta burocrática y neutral en organismos gubernamentales y agencias de desarrollo.

Historizar

Método de análisis que busca desmontar la supuesta eternidad de las normas sociales, demostrando en qué condiciones concretas de poder y discurso fueron creadas.

Pregunta abierta

El género no define identidades estables, sino que interroga cómo se ha fabricado la diferencia sexual y las jerarquías en contextos específicos.

Categoría relacional

Noción de que las identidades masculinas y femeninas no existen de forma aislada, sino que se definen mutuamente en una red de oposiciones y relaciones de poder.

Beijing (1995)

Conferencia de la ONU que ilustra la domesticación del género: para evitar disputas con sectores conservadores, se utilizó el término vaciándolo de su definición crítica.

Determinismo biológico

Postura que atribuye las desigualdades sociales de género a diferencias anatómicas o genéticas inmutables de los cuerpos masculinos y femeninos.


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