Racismo, fundamentalismo cultural y restricción de la ciudadanía
Analiza tres mecanismos de regulación social frente a inmigrantes bolivianos en Argentina: racismo, fundamentalismo cultural y restricción de ciudadanía.
Este texto analiza cómo, en la Argentina contemporánea, los inmigrantes provenientes de países vecinos (especialmente Bolivia) son regulados y controlados socialmente a través de tres mecanismos principales: el racismo, el fundamentalismo cultural y la restricción de la ciudadanía. El autor los estudia por separado pero demuestra que en la realidad se combinan y potencian entre sí.
Para entenderlo: la pregunta de fondo es ¿cómo se justifica excluir o subordinar a ciertos grupos de personas? La respuesta de Caggiano es que hay tres “lógicas” distintas que lo hacen, y que las tres tienen consecuencias muy concretas en ámbitos como la salud, la educación y el sistema legal.
El texto es especialmente relevante para medicina porque incluye ejemplos del sistema de salud argentino: cómo profesionales de salud tratan a pacientes bolivianos, y cómo se les niega o dificulta la atención.
1. El contexto: migración y control social
El punto de partida del texto es una paradoja del mundo globalizado: mientras los capitales, las mercancías y la información circulan cada vez más libremente, las personas —especialmente las que migran desde países pobres hacia países más ricos— enfrentan cada vez más restricciones y vigilancia.
En Argentina, la inmigración de países vecinos (Bolivia, Paraguay, Perú, entre otros) es históricamente significativa. Los migrantes bolivianos, en particular, se insertan en sectores laborales específicos: construcción y comercio en las ciudades, agricultura intensiva (horticultura, floricultura, tabaco) en zonas rurales y periurbanas. Esta posición en el mercado de trabajo los hace visibles como “mano de obra” pero invisibles como ciudadanos con derechos.
Frente a esta migración, instituciones políticas y culturales hegemónicas generan discursos y prácticas que los presentan como una “amenaza” o un “peligro” y buscan controlarlos. Ese control opera a través de tres mecanismos, que el texto analiza uno por uno.
2. Primer mecanismo: el racismo
Cuando hablamos de racismo hoy, la mayoría piensa en el racismo nazi o en el apartheid. Pero Caggiano muestra que el racismo opera de formas más sutiles y cotidianas. Lo define como un sistema de percepción y clasificación que construye al “otro” como inferior a partir de sus características físicas o corporales, y que sirve para justificar su dominación.
Un ejemplo concreto del texto: personas entrevistadas elogian la “nobleza” y “tranquilidad” de los trabajadores bolivianos, su resistencia al calor, al frío, al dolor. Esto suena como un cumplido, pero en realidad está naturalizando la explotación: si su cuerpo “aguanta más”, si “no sufre”, entonces es aceptable que trabajen 14 o 18 horas, que no tengan anestesia para una sutura, que soporten condiciones que serían inaceptables para un trabajador no-inmigrante.
En el ámbito de la salud, esta percepción racista lleva a suponer que los pacientes bolivianos tienen “mayor umbral de dolor”, lo que puede traducirse en menos analgesia, menos cuidados, y trato diferencial en la atención médica. El racismo, entonces, no solo es un prejuicio: configura relaciones de dominación que benefician a quienes se apropian del trabajo de esos cuerpos “resistentes”.
Importante: el racismo moderno no siempre habla de “razas” explícitamente. Puede usar lenguaje culturalista (“son así por su cultura”) pero producir los mismos efectos jerárquicos. Algunos autores lo llaman “racismo sin razas”, “racismo posmoderno” o “racismo diferencialista”.
3. Segundo mecanismo: el fundamentalismo cultural
Este concepto es central en el texto y muy relevante para medicina. El fundamentalismo cultural es la idea de que las diferencias culturales entre grupos son esenciales (es decir, fijas, innatas, inevitables), que esas diferencias son incompatibles entre sí, y que por lo tanto los grupos culturalmente distintos deben mantenerse separados “por su propio bien”.
Diferencia clave con el racismo: mientras el racismo organiza a los grupos en una jerarquía vertical (superiores e inferiores), el fundamentalismo cultural los organiza en una lógica horizontal de inclusión/exclusión: “adentro” y “afuera”. No dice “sos inferior”, dice “sos tan diferente que no podés pertenecer aquí”.
En el ámbito de la salud argentina, el fundamentalismo cultural aparece cuando los profesionales de salud señalan que las prácticas de los pacientes bolivianos son “problemas culturales” que dificultan la atención. Los ejemplos del texto incluyen: parir en cuclillas, el valor dado a la placenta, la negativa a la cesárea, el rechazo a las extracciones de sangre, el pudor al desvestirse, la vestimenta “inadecuada”, los hábitos de higiene. Todas estas diferencias son presentadas como rasgos culturales fijos que “hacen difícil la atención”.
El problema central del fundamentalismo cultural es que esencializa la diferencia: toma algo que es histórico, dinámico y contextual (la cultura) y lo convierte en algo fijo y determinante, como si fuera biológico. Y al mismo tiempo, hace invisible la dimensión económica y de poder: no pregunta por qué los inmigrantes están en esas condiciones, sino que las presenta como “lo que son” culturalmente.
4. Tercer mecanismo: la restricción de la ciudadanía
La ciudadanía, en su sentido más amplio, es el conjunto de derechos que tiene una persona como parte de una comunidad. La restricción de la ciudadanía es el proceso por el cual ciertos sujetos quedan excluidos del goce de esos derechos, ya sea por obstáculos legales (no tener documentación) o por prácticas administrativas y subterráneas que los dejan fuera del sistema.
Un ejemplo concreto y llamativo del texto: en la provincia de Jujuy, una médica pediatra relata cómo un niño tuberculoso fue trasladado hasta La Quiaca (la frontera con Bolivia) y “dejado” allí porque no era ciudadano argentino. El niño existía físicamente, pero desde el punto de vista del sistema de salud, era como si no existiera como sujeto de derechos.
Otro ejemplo: a pacientes bolivianos se les exigía presentar el DNI argentino para recibir atención médica, incluso en casos urgentes. En 2004 la ley argentina estableció claramente que todo inmigrante tiene derecho a la salud independientemente de su situación documentaria. Sin embargo, en la práctica, los hospitales seguían exigiendo documentación y, en algunos casos, notificaban a la Dirección Nacional de Migraciones cuando atendían a inmigrantes sin papeles, lo que generaba temor y hacía que la gente evitara ir al hospital.
La restricción de ciudadanía produce lo que Caggiano llama una “ciudadanía restringida”: no una ciudadanía incompleta que espera completarse, sino un estado específico de exclusión que sitúa a ciertas personas en el borde del sistema. Están “adentro” porque están aquí, pero están “afuera” porque no se les reconocen derechos. Son incluidos como excluidos.
5. ¿Cómo se relacionan los tres mecanismos entre sí?
Los tres mecanismos no son lo mismo, pero tampoco son completamente separados. Tienen lógicas distintas:
El racismo ordena a los grupos en una jerarquía vertical: hay “superiores” e “inferiores”. Su efecto principal es naturalizar la explotación.
El fundamentalismo cultural organiza en un plano horizontal: “adentro” y “afuera”. Su efecto principal es justificar la exclusión.
La restricción de la ciudadanía produce la clandestinidad: convierte a los sujetos en ilegítimos, en personas que están pero “no deberían estar”. Su efecto es la producción de un sujeto que, al estar en ese lugar de ilegitimidad, recuerda a todos los demás que ese lugar existe.
En la práctica, los tres operan juntos y se potencian. Un inmigrante boliviano puede ser al mismo tiempo: explotado laboralmente (racismo), considerado culturalmente incompatible en el hospital (fundamentalismo cultural), y dejado sin atención por no tener DNI (restricción de ciudadanía). Estas tres cosas no son azarosas: benefician a los mismos actores.
6. Implicancias para la medicina y la salud
Los tres mecanismos se manifiestan en el consultorio, en la guardia, en el hospital:
El racismo puede aparecer cuando se asume que un paciente “aguanta más el dolor” o que no necesita la misma atención que un paciente de otro origen. O cuando la fortaleza física se interpreta como una virtud intrínseca en lugar de una condición laboral impuesta.
El fundamentalismo cultural aparece cuando las diferencias en prácticas de salud (parto en cuclillas, uso de plantas medicinales, rechazo a ciertos procedimientos) son tratadas como obstáculos irracionales a remover, en lugar de ser entendidas como parte de un sistema de cuidado con su propia lógica.
La restricción de ciudadanía aparece cada vez que se pone el DNI por delante del derecho a la salud, o cuando la presencia de un migrante irregular en el sistema de salud es tratada como un problema administrativo-migratorio en lugar de una situación de cuidado humano.
La propuesta implícita del texto no es que los profesionales de salud sean “malas personas”. Es que estos mecanismos son estructurales: están incorporados en las instituciones, en las prácticas cotidianas, en el sentido común. Reconocerlos es el primer paso para no reproducirlos.
| Mecanismo | Lógica principal | Qué produce | Ejemplo en salud |
|---|---|---|---|
| Racismo | Jerarquía vertical: superior / inferior | Naturaliza la explotación y la subordinación | Asumir que los pacientes bolivianos tienen "mayor tolerancia al dolor" |
| Fundamentalismo cultural | Exclusión horizontal: adentro / afuera | Justifica la expulsión o el apartamiento por "incompatibilidad cultural" | Tratar el parto en cuclillas o el rechazo a la cesárea como irracionalidades culturales que dificultan la atención |
| Restricción de ciudadanía | Clandestinización: legítimo / ilegítimo | Produce sujetos sin derechos efectivos, "incluidos como excluidos" | Negar o dificultar atención médica por falta de DNI; notificar a migraciones cuando un paciente irregular pide atención |
Sistema de percepción y clasificación que construye al “otro” como inferior a partir de rasgos físicos o corporales, naturalizando su explotación y dominación. No siempre usa la palabra “raza”: puede expresarse en términos de “fortaleza física”, “nobleza natural”, “resistencia al dolor”.
Forma contemporánea de racismo que usa lenguaje culturalista en lugar de biológico, pero produce los mismos efectos de jerarquización y subordinación. El “modo de ser” reemplaza a la “raza” como categoría discriminatoria.
Ideología que considera las diferencias culturales como esenciales, fijas e incompatibles. No dice “sos inferior” sino “sos tan diferente que no podés pertenecer aquí”. Justifica la exclusión en nombre de la preservación de la propia cultura.
Proceso por el cual características culturales (que son históricas y cambiantes) son tratadas como si fueran innatas, fijas y determinantes, de manera similar a como el racismo clásico trató las características biológicas.
Proceso por el cual se obstaculiza el acceso de ciertos sujetos (especialmente inmigrantes) al ejercicio de derechos, ya sea por medios legales (documentación) o prácticas administrativas informales. Produce “ciudadanías restringidas”.
No es una ciudadanía incompleta que espera completarse: es un estado específico de exclusión. El sujeto está presente en la sociedad pero no es reconocido como titular de derechos. Está “incluido como excluido”.
Condición paradójica del sujeto con ciudadanía restringida: está dentro de la sociedad (trabaja, vive, usa servicios) pero está fuera del sistema de derechos (no accede a atención médica plena, no tiene documentación reconocida).
Concepto tomado de Foucault. El sistema no elimina las irregularidades: las administra y las produce. Los ilegalismos (como la indocumentación) son mecanismos de control que mantienen a ciertos grupos en una posición de vulnerabilidad funcional para el poder.