¿De qué hablamos cuando hablamos de género? Una introducción conceptual
Presenta una introducción didáctica al género recorriendo la distinción clásica, la performatividad de Butler, el origen biomédico del término y su derivación prostética.
Este texto ofrece un recorrido conceptual e histórico sumamente didáctico para comprender las discusiones teóricas en torno al término género. Mattio organiza las distintas perspectivas en tres grandes momentos:
(1) La distinción feminista clásica entre sexo y género; (2) La crítica postestructuralista de Judith Butler que concibe al género como performatividad y desactiva la naturalidad del sexo; y (3) El origen biomédico y normalizador del concepto en las intervenciones a bebés intersex y la relectura tecnológica y prostética propuesta por el transfeminismo contemporáneo (Beatriz Preciado).
1. La distinción clásica sexo/género: ventajas y límites
Apoyado en la célebre premisa de Simone de Beauvoir (1949) “No se nace mujer: se llega a serlo”, el feminismo de la segunda ola de los años setenta estableció una separación tajante:
- Sexo: El componente biológico y anatómico (macho/hembra), concebido como estable, natural y dado.
- Género: La construcción cultural y psicosocial (varón/mujer), de carácter histórico, adquirido y maleable.
Esta distinción permitió impugnar el determinismo que pretendía justificar la opresión de las mujeres a partir del cuerpo gestante. Sin embargo, Mattio señala los límites de este modelo: al dejar el “sexo” en el plano puramente natural e inmutable, el feminismo clásico mantuvo intacto un núcleo duro de determinismo biológico. Además, tendió a universalizar una experiencia hegemónica de género (la de las mujeres blancas, heterosexuales y burguesas) como si fuera la de todas las mujeres.
2. Judith Butler: la performatividad del género y la matriz heterosexual
En los años noventa, la filósofa Judith Butler propuso una deconstrucción radical del binario. El género no es la expresión de una esencia interior preexistente: el género es performativo. No es que somos mujeres y por ende actuamos como mujeres; al contrario, es la repetición constante y estilizada de discursos y actos normalizados lo que produce la ilusión de una identidad coherente e interna.
El género no es un atributo estático, sino una práctica ritualizada que realizamos de manera continua. Esta performatividad opera dentro del marco restrictivo de la matriz heterosexual: un régimen de inteligibilidad social que exige y vigila una coherencia obligatoria entre sexo, género y deseo (Macho $\rightarrow$ Varón $\rightarrow$ Desea mujeres; Hembra $\rightarrow$ Mujer $\rightarrow$ Desea varones). Cualquier cuerpo o deseo que escape a este alineamiento es castigado o calificado como anormal y patológico.
3. El origen biomédico y normalizador del género
Mattio rescata una genealogía que el feminismo clásico a menudo soslayó: el concepto de género nació en los laboratorios de la medicina y la sexología de los años cincuenta. Fue acuñado por John Money para resolver la clasificación clínica de bebés nacidos con intersexualidad (genitales ambiguos).
Money utilizó el género para designar la convicción psicológica del sujeto sobre su pertenencia sexual. La conclusión de su protocolo clínico era normalizadora: si la mente y el cuerpo discordaban, la medicina intervenía quirúrgicamente sobre los genitales del bebé sano para forzar la correspondencia anatómica con el género asignado. De este modo, el concepto nació ligado al biopoder médico para erradicar corporalidades disidentes y reproducir el binarismo de manera forzada.
4. Beatriz Preciado: el género prostético y biotecnológico
El transfeminismo de Beatriz (Paul) Preciado expande la noción performativa de Butler hacia una visión prostética y material. El género y el sexo no se fabrican únicamente mediante discursos e identidades verbales, sino mediante tecnologías somáticas y moleculares: hormonas sintéticas, cirugías plásticas, fármacos y regulaciones jurídicas.
El sexo es, para Preciado, una tecnología biopolítica de producción de cuerpos. Esta concepción tiene un filo emancipador y subversivo: si el género y el sexo son productos tecnológicos y prótesis, entonces el uso de hormonas y cirugías por parte de las personas trans no es una desnaturalización o automutilación, sino una apropiación estratégica y autogestiva de las mismas biotecnologías que el sistema biomédico empleó históricamente para encorsetar sus cuerpos.
5. Conclusión: la inestabilidad como potencia crítica
Mattio concluye que a pesar del origen médico-normalizador y de las contradicciones conceptuales internas, el término “género” no debe ser abandonado. Su valor para las luchas políticas reside precisamente en su inestabilidad teórica. Las tensiones internas del concepto son las que impiden su domesticación institucional, manteniéndolo como una herramienta crítica y activa para interrogar el poder y la verdad sobre los cuerpos.
Concepto de Judith Butler. El género es una práctica reiterativa y estilizada de actos discursivos y corporales que produce la ilusión de una sustancia o identidad interna preexistente.
Régimen de poder e inteligibilidad social que prescribe una alineación causal y lógica entre el sexo biológico, el género cultural y el deseo heterosexual.
Tecnologías de gobierno sobre los cuerpos y las poblaciones descritas por Foucault, orientadas a optimizar la vida y disciplinar los cuerpos dóciles para el orden social.
Perspectiva de Beatriz Preciado. El género se constituye materialmente a través de prótesis, hormonas, fármacos y técnicas quirúrgicas que modifican el cuerpo.
Génesis del concepto en la clínica sexológica de los años 50 (John Money), diseñado originalmente para justificar cirugías correctoras obligatorias en bebés intersex.
Creencia de que los comportamientos sociales y las jerarquías de género son causados directamente por diferencias anatómicas, genéticas u hormonales inalterables.
Corriente del feminismo que incorpora las experiencias y demandas de las personas trans y disidentes sexuales, deconstruyendo la noción de mujer esencialista y biologicista.
Criterio social que define qué cuerpos y expresiones de género son válidos y legibles dentro del orden social, excluyendo y patologizando todo desvío.