Comunicación intercultural en contextos atravesados por la diversidad cultural
Investigación empírica sobre barreras comunicativas y desencuentros entre personal de salud y pacientes en centros de atención primaria de la periferia de Córdoba.
Este texto presenta una investigación de tipo cualitativa basada en entrevistas en profundidad y observaciones en centros de atención primaria de la salud de la periferia de Córdoba. El objetivo es analizar cómo los profesionales y no profesionales de salud (médicos, enfermeras, administrativos) y los pacientes (especialmente de origen boliviano) perciben y viven los encuentros comunicativos cotidianos.
La tesis central de Perusset es que el éxito o fracaso terapéutico depende en gran medida de la comunicación, pero que esta comunicación está atravesada por barreras culturales, prejuicios, asimetrías de poder y preconceptos que suelen ser invisibles para el propio equipo de salud.
1. El punto de partida: la comunicación como dimensión de la salud
Perusset comienza afirmando que la salud y la enfermedad no son solo hechos biológicos, sino también procesos culturales y comunicativos. El encuentro médico es, en el fondo, un intercambio de significados. La eficacia del diagnóstico y del tratamiento depende de que el profesional y el paciente compartan un marco mínimo de entendimiento. Si no se logra esa inteligibilidad mutua, la atención fracasa, aunque el hospital tenga la mejor tecnología farmacológica o quirúrgica.
La investigación se sitúa en Centros de Atención Primaria de la Salud (CAPS) de zonas periféricas de Córdoba, adonde asisten poblaciones en condiciones de vulnerabilidad socioeconómica y familias migrantes. La autora examina las barreras comunicativas cotidianas, que no suelen ser de idioma (ya que todos hablan castellano) sino de presupuestos culturales no compartidos y de asimetrías de poder en la relación médico-paciente.
2. Las barreras de comunicación: el silencio y el miedo
Uno de los hallazgos más importantes de las entrevistas a los profesionales de salud es la queja recurrente sobre el silencio de los pacientes bolivianos. Los médicos señalan: “no hablan”, “no te miran a la cara”, “dicen que sí a todo pero después no cumplen”. Este silencio es interpretado por el personal de salud como falta de interés, desconfianza, sumisión o ignorancia.
Sin embargo, al entrevistar a los pacientes, Perusset revela que el silencio no es una falta de interés, sino una estrategia de autodefensa frente al maltrato y al miedo. Los pacientes expresan temor a ser discriminados, a que les griten, a ser juzgados por sus costumbres higiénicas o dietéticas, o a ser denunciados por no tener papeles. El silencio es la forma de “hacerse invisible” para evitar el conflicto. El paciente dice que sí a todo porque es la forma más rápida de terminar la consulta y escapar de una situación tensa.
3. Los desencuentros en las categorías diagnósticas: el caso de la placenta
La autora describe un ejemplo concreto de malentendido grave. Una médica relata el caso de una mujer boliviana que acababa de parir y exigía que le entregaran la placenta. La médica, desde su marco biomédico, interpretaba este reclamo como “superstición” o “costumbre irracional” sin importancia clínica, y se negó argumentando normas de bioseguridad del hospital (que considera la placenta como residuo biológico patogénico).
Para la paciente, sin embargo, la placenta es una parte del cuerpo que tiene un valor espiritual profundo: debe ser enterrada en un lugar seguro para proteger la vida del recién nacido de los espíritus de la tierra. Negar la placenta era atentar contra la salud y el futuro del niño. La negativa médica produjo angustia y desconfianza profunda, destruyendo la posibilidad de un vínculo terapéutico para futuros controles del bebé.
4. La asimetría de poder y el lenguaje médico
Perusset analiza la asimetría de poder inherente a la relación médico-paciente. Esta asimetría se expresa en el uso del lenguaje: el personal de salud suele comunicarse con terminología técnica-científica que resulta incomprensible para el paciente. El paciente, por vergüenza a quedar como ignorante o por miedo a molestar, no interrumpe ni pide aclaraciones.
Este desencuentro lingüístico es asimétrico porque toda la responsabilidad de “hacerse entender” recae sobre el paciente. El médico asume que si el paciente no entiende, es su problema. Además, la prisa de la consulta (cinco o diez minutos por paciente en la salud pública) impide que el profesional dedique tiempo a verificar si el paciente comprendió las indicaciones del tratamiento.
5. Los prejuicios del personal y la naturalización de la desigualdad
La investigación de Perusset muestra que los profesionales y administrativos de salud tienen representaciones y estereotipos arraigados sobre la población boliviana: se los describe como “sucios”, “dejados”, “que no cuidan a los chicos”, “que vienen solo a usar gratis el hospital”. Estas representaciones deshumanizan a la persona y justifican el maltrato sutil o explícito.
Lo peligroso, advierte la autora, es que estas representaciones están tan naturalizadas que los profesionales no las perciben como racistas o excluyentes. Se consideran personas “abiertas” y “humanitarias”, pero sus prácticas de atención cotidiana (dejar para el final a ciertos pacientes, no mirarlos, usar tonos condescendientes) reproducen la exclusión. El racismo y el cisexismo no son solo actitudes individuales: son formas institucionales de regular la desigualdad.
6. La competencia intercultural como alternativa práctica
Perusset concluye que la superación de estos desencuentros exige el desarrollo de lo que llama la competencia intercultural en el personal de salud. Esta competencia no requiere que el profesional conozca de memoria los antropólogos ni que comparta las creencias de los pacientes. Es una actitud reflexiva y pragmática.
Implica: (1) reconocer los propios prejuicios y el etnocentrismo médico (la idea de que la biomedicina occidental es la única forma válida de ver el cuerpo); (2) desarrollar la escucha activa y la paciencia para interpretar el silencio y los ritmos de comunicación del otro; (3) negociar tratamientos respetando las prácticas locales que no causen daño físico (como el uso de infusiones de plantas medicinales); (4) explicar las indicaciones médicas en lenguaje sencillo y verificar la comprensión. La competencia intercultural es, ante todo, una herramienta práctica para mejorar la eficacia de la medicina.
| Factor | Manifestación habitual en el CAPS | Consecuencia en la atención | Alternativa intercultural |
|---|---|---|---|
| El silencio del paciente | Interpretado como ignorancia o desinterés | El médico no indaga; el paciente calla por miedo | Interpretar el silencio como autodefensa; generar espacio de confianza |
| Asimetría lingüística | Uso de jerga médica no explicada | El paciente asiente sin comprender y no cumple | Explicar con analogías y verificar con preguntas abiertas |
| Estereotipos culturales | Asociar a la población migrante con suciedad o descuido | Trato despectivo; diagnósticos apresurados y erróneos | Reflexionar sobre los prejuicios; tratar a cada persona como sujeto |
| Choque de nosologías | Negar la placenta o rechazar prácticas tradicionales | Ruptura del vínculo terapéutico y abandono del tratamiento | Negociar: integrar la práctica tradicional si no es dañina |
Creencia de que la biomedicina occidental es el único sistema de conocimiento válido sobre el cuerpo y la salud. Considera que cualquier otra práctica médica tradicional es superstición o charlatanería que debe erradicarse.
Capacidad del profesional de salud de interactuar de manera eficaz y respetuosa con pacientes de diferentes culturas. Implica reflexividad sobre los propios prejuicios, escucha activa y disposición a la negociación terapéutica.
Estrategia de comunicación de los pacientes que callan o asienten para evitar conflictos, maltratos o juicios de valor del equipo de salud. Los profesionales suelen malinterpretarlo como desinterés o sumisión.
Desequilibrio de poder inherente a la relación médico-paciente, donde el médico posee la autoridad del saber técnico y el control de la interacción, y el paciente queda subordinado. Se acentúa por la vulnerabilidad social e indocumentación.
Proceso de articulación entre las indicaciones de la biomedicina y los saberes del paciente. Permite que el paciente incorpore prácticas tradicionales (como té de hierbas o rituales) junto al fármaco recetado, mejorando la adherencia.
Construcción de un marco común de significados que hace posible el entendimiento entre médico y paciente. Requiere traducir términos biomédicos a lenguaje sencillo y decodificar el lenguaje moral y metafórico del paciente.
Proceso por el cual las instituciones de salud reproducen representaciones discriminatorias colectivas (como vincular cierta nacionalidad con falta de higiene), condicionando el trato de los administrativos y médicos.
Dimensión central del encuentro de salud. La salud y la enfermedad no son solo hechos biológicos: se configuran y resuelven a través de la comunicación cotidiana en las instituciones sanitarias.