Saltar al contenido
Índice de contenido
Abal Medina · UNMDP · 2026
Núcleo 2

El Estado — Manual de Ciencia Política, Capítulo II

Qué es el Estado, cómo se lo define, cómo surgió históricamente y cómo evolucionó en Argentina.

Este capítulo del Manual de Ciencia Política de Juan Manuel Abal Medina aborda uno de los conceptos más centrales de la disciplina: el Estado. No es un concepto sencillo de definir —hay múltiples perspectivas y enfoques— pero entenderlo es fundamental para cualquier estudiante de ciencias sociales o de la salud que quiera comprender cómo se organiza la sociedad, quién tiene el poder de fijar las reglas y cómo se toman las decisiones que afectan a toda la población.

El capítulo tiene tres grandes movimientos. Primero, define qué es el Estado desde el enfoque neoinstitucionalista y apelando a la clásica definición de Max Weber. Segundo, recorre la historia del Estado moderno desde sus orígenes hasta las formas contemporáneas (absolutismo, liberalismo, bienestar, era global). Tercero, aplica todo ese marco teórico al caso argentino, describiendo cómo se formó el Estado-nación y cómo fue evolucionando a lo largo de nuestra historia.

Para un estudiante de medicina, entender el Estado no es un lujo teórico: es el Estado quien define las políticas de salud pública, quien organiza los sistemas sanitarios, quien decide qué se financia y qué no. Saber qué es el Estado, qué formas históricas adoptó y qué grado de autonomía tiene respecto de los intereses sociales es indispensable para comprender por qué el sistema de salud argentino funciona como funciona.


1. El Estado como institución central de la sociedad moderna

El punto de partida del capítulo es una afirmación que parece obvia pero vale la pena detenerse en ella: el Estado es la institución más importante de la sociedad moderna. El enfoque desde el que trabaja Abal Medina es el neoinstitucionalismo, que entiende las instituciones como “reglas de juego” que incentivan ciertos comportamientos y desalientan otros. Desde ese enfoque, el Estado no es simplemente un gobierno o un conjunto de funcionarios: es una estructura que genera y controla las reglas que organizan toda la vida social.

Lo que hace al Estado singular —a diferencia de otras instituciones como la Iglesia, los sindicatos o las empresas— es que se reserva el derecho exclusivo de fijar y cambiar esas reglas para todo el sistema. Ninguna otra organización tiene esa capacidad. Además, los individuos no pueden evitar pertenecer al Estado: uno puede no ser miembro de un sindicato o de una iglesia, pero no puede optar por no estar bajo la jurisdicción del Estado en cuyo territorio vive. Esta capacidad de llegar a todos los ciudadanos sin excepción es lo que el texto llama “capacidad de secularización”.

Las reglas que el Estado genera no surgen de la nada: son el fruto de un acuerdo —a veces conflictivo, nunca del todo libre— entre el Estado y la sociedad. Ese acuerdo queda consagrado en el contrato social, es decir, en la Constitución. Sin ese pacto, la gobernabilidad del sistema es imposible. El Estado no sólo produce las reglas: también las impone. Es la única organización que puede usar la fuerza legítimamente para hacerlas cumplir.

2. La definición clásica de Weber y sus elementos

Cuando se busca una definición precisa de Estado, el nombre que surge inevitablemente es el de Max Weber (1864-1920). Su definición, considerada la más aceptada en las ciencias sociales, lo describe como una asociación de dominación institucional que ha logrado monopolizar la coacción física legítima en un territorio determinado. Esta definición tiene dos elementos fundamentales que vale la pena desgranar.

El primer elemento es el monopolio de la coacción física legítima. El Estado no sólo usa la fuerza: la usa de manera legítima, es decir, reconocida socialmente como válida. Weber aclara que la violencia no es el único ni el principal medio del Estado, pero sí su medio específico: ninguna otra institución tiene ese derecho. Este monopolio es lo que Mann llamó el “poder despótico del Estado”, la capacidad de actuar sin necesitar negociación previa con nadie. Pero el Estado también coordina las decisiones colectivas y actúa en nombre del interés general —una función que O’Donnell distingue cuidadosamente de la mera dominación—. Entre estas dos funciones (dominación y coordinación) existe una tensión permanente y difícil de resolver.

El segundo elemento es la existencia de una estructura burocrática administrativa. El Estado moderno no funciona con funcionarios que son dueños de sus cargos o de los medios de administración: hay una separación total entre lo público y lo privado. El soldado no es dueño del tanque; el empleado no es dueño de la máquina. Este rasgo es lo que Mann llamó el “poder infraestructural”: la capacidad del Estado de penetrar la sociedad e implementar efectivamente sus decisiones en todo el territorio. La burocracia opera según el “derecho racional”, es decir, normas impersonales y objetivas que evitan la arbitrariedad. Este tipo de dominación —la “dominación racional-legal”— es la que caracteriza al Estado moderno, en contraste con la dominación tradicional (basada en la costumbre) o la carismática (basada en cualidades personales del líder).

Finalmente, O’Donnell agrega una perspectiva relacional: el Estado no es sólo su aparato burocrático. También es un sistema legal que ordena las relaciones sociales y un foco de identidad colectiva para los habitantes del territorio. Un Estado es eficaz si su burocracia cumple sus funciones, efectivo si su sistema legal se aplica en la práctica, y creíble si la mayoría de la población lo reconoce como legítimo.

3. El debate sobre la autonomía del Estado

¿El Estado actúa según su propio criterio o es simplemente el instrumento de los grupos sociales más poderosos? Este es uno de los debates más importantes en la teoría política, y Abal Medina lo presenta con mucha claridad.

La tradición marxista —en sus diversas versiones— sostiene que el Estado no tiene autonomía real respecto de las clases sociales: es un instrumento de dominación de clase, o el garante de las relaciones de producción, o el terreno donde se libran las luchas de clases. En cualquier caso, los actores estatales terminan actuando determinados por intereses externos. El problema con este enfoque es que no puede explicar por qué el Estado muchas veces responde con políticas que ningún grupo social presionó directamente, o por qué frente a presiones similares los Estados responden de maneras muy distintas.

La respuesta a esta limitación vino de una corriente que puso al Estado nuevamente en el centro: la idea de autonomía estatal. Por autonomía se entiende la capacidad del Estado de formular y perseguir objetivos que no son un simple reflejo de las demandas de los grupos sociales. Esta capacidad varía históricamente: no es una característica fija sino que depende de las coyunturas. Peter Evans profundizó esta idea con el concepto de autonomía enraizada: la eficacia estatal no viene del aislamiento burocrático puro, sino de la combinación de una burocracia profesional weberiana con vínculos estrechos con la sociedad civil. Un Estado que se aísla completamente de la sociedad pierde información y legitimidad; uno que se funde con los intereses privados pierde autonomía. El punto óptimo es un Estado que mantiene su profesionalismo pero se comunica activamente con la sociedad para negociar sus objetivos.

4. El ciclo de las políticas públicas

Una dimensión concreta del funcionamiento del Estado es la producción de políticas públicas. Estas no son el resultado de un proceso técnico neutral: son el producto de relaciones de poder entre distintos actores —políticos, burócratas, grupos de presión— que compiten por influir en cada etapa del proceso.

El análisis de las políticas públicas se centra en un ciclo que tiene cuatro etapas: definición del problema, diseño, implementación y evaluación. La definición del problema consiste en seleccionar qué aspectos de una situación se van a abordar y desde qué hipótesis. No es una elección neutral: decidir que “el problema del sistema de salud es la falta de camas” lleva a políticas muy distintas que decidir que “el problema es la inequidad en el acceso”. El diseño define los objetivos y el curso de acción. La implementación es la acción concreta para lograr esos objetivos. La evaluación analiza si se lograron y con qué eficiencia.

Lo interesante del análisis de Abal Medina es que señala cómo la burocracia —incluso en sus niveles más bajos— tiene poder real sobre las políticas, más allá del mandato formal de los políticos electos. Los burócratas “de ventanilla”, que son quienes implementan los programas y tienen contacto directo con los ciudadanos, moldean en la práctica el alcance y el contenido de las políticas. Una política que deja margen para la discrecionalidad puede terminar aplicándose de manera muy distinta a la que fue diseñada. Esto es especialmente relevante en salud: los protocolos clínicos y las políticas sanitarias no se aplican igual en todos los contextos, y los actores que las implementan tienen un poder real que va más allá de su jerarquía formal.

5. El desarrollo histórico del Estado moderno

El Estado moderno no existió siempre. Durante la mayor parte de la historia humana, los seres humanos vivieron como cazadores y recolectores con organizaciones sociales muy simples y sin relaciones de poder institucionalizadas. La aparición del Estado está ligada al surgimiento de la civilización misma, que requiere al menos tres instituciones básicas: el centro ceremonial, la escritura y la ciudad. Las primeras civilizaciones —sumerios, Egipto, China de los Shang, Mesoamérica— surgieron en valles fluviales y practicaron la agricultura de regadío, lo que exigió formas de coordinación colectiva que dieron origen a estructuras de poder más complejas.

El Estado moderno —tal como lo conocemos— surgió en Europa a partir del siglo XIII. Su evolución puede rastrearse a través de cuatro modelos sucesivos. El Estado Absolutista (siglos XVI-XVIII) concentró el poder en la figura del monarca, quien eliminó los poderes intermedios (nobleza feudal, Iglesia) y construyó ejércitos y burocracias permanentes. El Estado Liberal (siglos XVIII-XIX) surgió de las revoluciones burguesas y puso límites al poder estatal a través de constituciones y derechos individuales: el Estado debía proteger la propiedad y la libertad, pero no intervenir en la economía. El Estado de Bienestar (siglo XX, especialmente entre los ‘30 y los ‘70) expandió enormemente las funciones del Estado: educación pública, salud, jubilaciones, seguro de desempleo. Finalmente, el Estado en la Era Global enfrenta el desafío de la globalización económica, que restringe su capacidad de actuar autónomamente en el plano económico mientras simultáneamente se le exigen nuevas funciones.

6. El Estado argentino: formación y evolución

El Estado argentino surgió en un contexto particular: la independencia de España (1816) no implicó automáticamente la existencia de un Estado organizado. Hubo décadas de guerras civiles y disputas entre unitarios y federales antes de que se consolidara una estructura estatal mínimamente unificada. La Constitución de 1853 y la organización nacional bajo Bartolomé Mitre y sus sucesores sentaron las bases del Estado moderno argentino, con la construcción de un ejército nacional, una burocracia, un sistema educativo público y una red de infraestructura.

La evolución del Estado argentino puede leerse como una sucesión de modelos que en muchos aspectos reflejan los ciclos históricos globales, pero con particularidades locales muy marcadas. Desde el Estado oligárquico de fines del siglo XIX y principios del XX, pasando por la ampliación democrática con la Ley Sáenz Peña (1912), el peronismo y la construcción del Estado de Bienestar local (1945-1955), las interrupciones golpistas y la destrucción institucional que implicaron, hasta la recuperación democrática de 1983 y las reformas neoliberales de los ‘90 que redujeron drásticamente el aparato estatal.

Cada etapa de la historia argentina puede analizarse en términos de qué actores sociales accedieron al Estado, qué políticas económicas implementó y qué rasgos institucionales la caracterizaron. Este análisis no es sólo historia: permite entender por qué el sistema de salud argentino tiene las características que tiene, por qué coexisten PAMI, obras sociales, hospitales públicos y clínicas privadas, y por qué las políticas de salud varían tanto entre provincias.


Estado

Forma particular de ordenamiento político que surgió en Europa a partir del siglo XIII y se extendió al resto del mundo. Se define como un conjunto diferenciado de instituciones y personal que reclama el monopolio de la coerción física legítima sobre un territorio delimitado. No es sinónimo de gobierno ni de aparato burocrático: incluye también el sistema legal y la identidad colectiva de una población.

Monopolio legítimo de la coacción

Característica central del Estado moderno según Max Weber: es la única institución que puede usar la fuerza física de manera reconocida socialmente como válida. Ninguna otra organización —ni iglesias, ni empresas, ni sindicatos— tiene ese derecho. La legitimidad es tan importante como la coacción: sin reconocimiento social, la fuerza sola no alcanza para sostener al Estado.

Neoinstitucionalismo

Enfoque teórico que estudia las instituciones como “reglas de juego” que estructuran los comportamientos sociales. A diferencia del viejo institucionalismo —que se centraba en las normas formales— el neoinstitucionalismo también considera las reglas informales y los incentivos que generan. Desde esta perspectiva, el Estado es la institución más importante porque tiene la capacidad exclusiva de crear y modificar las reglas que organizan todo el sistema social.

Poder despótico e infraestructural

Distinción propuesta por Michael Mann. El poder despótico es la capacidad del Estado de tomar decisiones sin negociación previa con ningún actor social. El poder infraestructural es la capacidad de penetrar la sociedad e implementar efectivamente esas decisiones en todo el territorio. Un Estado puede ser muy despótico pero tener poco poder infraestructural (como algunos Estados autoritarios débiles que no pueden cobrar impuestos) o viceversa.

Dominación racional-legal

Tipo de dominación que Weber identifica como característica del Estado moderno: la obediencia se debe a normas impersonales y objetivas, no a la persona del gobernante ni a la tradición. La burocracia profesional es la forma organizativa típica de este tipo de dominación: acceso por mérito, ascenso por antigüedad o calificación, separación entre cargo y patrimonio personal.

Autonomía estatal

Capacidad del Estado de formular y perseguir objetivos propios que no son un reflejo directo de las demandas de los grupos sociales. Esta capacidad no es absoluta ni constante: varía según las circunstancias históricas y la fortaleza de la burocracia. El concepto de “autonomía enraizada” de Peter Evans agrega que la autonomía eficaz se combina con vínculos institucionales con la sociedad, no con aislamiento.

Políticas públicas

Conjunto de acciones —y también de inacciones— que el Estado lleva a cabo frente a problemas o demandas de la sociedad. No son el resultado de un proceso técnico neutro sino de un proceso político en el que distintos actores compiten por influir. Su ciclo incluye definición del problema, diseño, implementación y evaluación. En salud, el diseño de una política sanitaria nacional es un ejemplo típico.

Estado de Bienestar

Modelo de Estado que se expandió en los países industrializados durante el siglo XX, especialmente entre los años ‘30 y los ‘70. Se caracteriza por la intervención activa del Estado en la economía y por la provisión pública de servicios básicos: educación, salud, jubilaciones, seguro de desempleo. En Argentina, el peronismo de 1945-1955 es el momento de mayor expansión de un modelo similar, aunque con características propias.

Burocracia

Forma de organización administrativa que Weber consideró la más racional para el ejercicio del poder. Se basa en jerarquías formales, competencias rigurosas para cada cargo, acceso por calificación profesional y separación entre el patrimonio del funcionario y el patrimonio público. La burocracia es el principal instrumento del poder infraestructural del Estado moderno.


Dimensión Estado Absolutista Estado Liberal Estado de Bienestar Estado Era Global
Período histórico Siglos XVI-XVIII Siglos XVIII-XIX Siglo XX (1930-1980) Desde los '80 hasta hoy
Rol en la economía Control mercantilista, monopolios comerciales No intervención, laissez-faire Intervención activa, planificación Regulación con apertura a mercados globales
Relación con la sociedad Súbditos sin derechos formales Ciudadanos con derechos civiles y políticos Ciudadanos con derechos sociales Ciudadanos-consumidores en un mercado global
Funciones principales Ejército, recaudación, administración Seguridad, justicia, propiedad Salud, educación, jubilaciones, empleo Regulación, competitividad, seguridad social reducida
Legitimidad Divina o dinástica Constitucional y electoral Electoral + provisión de bienestar Electoral + eficiencia económica
Caso argentino aproximado No aplica directamente Organización nacional (1853-1916) Peronismo y desarrollismo (1945-1976) Reformas neoliberales y pos-2001