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Bender, Wachtel, Presta, Dimunzio y García · UNMDP · 2026
Núcleo 2

La conquista del territorio americano y la sociedad colonial: catástrofe demográfica, castas y esclavitud

Cómo la conquista de América produjo una catástrofe demográfica y una sociedad colonial estructurada en castas, y cómo la salud y la enfermedad atravesaron ambos procesos, incluida la esclavitud en la Córdoba tardocolonial.

Esta unidad reúne cuatro textos que, leídos juntos, permiten entender qué pasó con los cuerpos, las poblaciones y las jerarquías sociales cuando Europa llegó a América a partir de 1492. No se trata solo de una historia política o económica: es, ante todo, una historia demográfica y sanitaria. Millones de personas murieron en pocas décadas, se armó un sistema social nuevo basado en la raza y la casta, y la enfermedad se convirtió en una herramienta de dominación, de exclusión y hasta de mercado.

El recorrido empieza con Thomas Bender, que ubica la conquista de América dentro de una historia global del comercio oceánico, para que no la pensemos como un hecho aislado sino como parte de una revolución mundial del transporte y el poder. Sigue con Nathan Wachtel, que analiza en detalle cómo se desarmó (se “desestructuró”) el mundo incaico y qué papel tuvieron las epidemias en ese derrumbe demográfico. Continúa con Ana María Presta, que explica cómo quedó organizada la sociedad colonial una vez que la catástrofe inicial dio paso a un orden estable, con españoles, indios, esclavos y castas ocupando lugares muy distintos. Cierra con el trabajo de Karina Dimunzio y Claudia García sobre las dolencias de los esclavos en la Córdoba colonial, que muestra en la práctica cómo la enfermedad entraba en las transacciones económicas de compra y venta de personas.

Para quienes están formándose en medicina, esta unidad es clave porque muestra que la salud nunca es un hecho neutral: quién enferma, quién muere, quién es tratado como enfermo y quién no, dependen de relaciones de poder. Entender esto ayuda a pensar críticamente los determinantes sociales de la salud, tanto en el pasado colonial como en el presente.


1. Bender: el mundo océano y la centralidad económica de la conquista

Thomas Bender empieza su texto haciendo una crítica a la forma tradicional de contar la historia de América: la que arranca con “el descubrimiento” y sigue de manera lineal hasta la formación de un país, como si todo lo anterior fuera apenas una introducción. Para Bender, el verdadero acontecimiento de 1492 no fue el hallazgo de una masa de tierra, sino el descubrimiento del océano como espacio de conexión global. Antes de esa fecha, distintas culturas (los griegos, los musulmanes, los cristianos medievales) se pensaban a sí mismas como habitantes de un “mundo isla” rodeado por un océano desconocido y peligroso. La revolución oceánica cambió esa idea: el mar dejó de ser una barrera y pasó a ser un terreno común por el que circulaban personas, mercancías y enfermedades.

Este cambio de perspectiva es importante porque desarma la narrativa de que Europa conquistó América por ser tecnológica o culturalmente superior. Bender sostiene, en cambio, que fue un sentimiento de debilidad, marginalidad y falta de acceso a las rutas comerciales de Asia (dominadas por musulmanes y chinos) lo que empujó a portugueses y españoles a buscar caminos alternativos por el océano. España y Portugal no eran el centro del mundo conocido en el siglo XV: eran periferia. La conquista de América, entonces, se entiende mejor como una jugada desesperada de actores marginales que como el triunfo natural de una civilización superior.

Bender también conecta la revolución oceánica con la aparición del mercado de esclavos y con lo que llama el “complejo de las plantaciones”: un sistema económico que combinaba alta capitalización, mano de obra esclava en gran escala y producción para la exportación (azúcar, tabaco, café). Este sistema nació en las islas atlánticas y en Brasil, y luego se expandió al Caribe y al sur de Norteamérica. Fue mucho más brutal e intensivo en el uso de esclavos que las formas de servidumbre conocidas hasta entonces en Europa o en el mundo islámico, y es clave para entender por qué entre 1500 y 1800 cruzaron el Atlántico muchas más personas africanas esclavizadas que europeas libres.

Por último, Bender compara dos modelos de esclavitud dentro de América: el de las islas azucareras del Caribe y el del sur de lo que luego serían los Estados Unidos, en la región de Chesapeake. En el Caribe, los negros eran una amplísima mayoría de la población (hasta el 95%), las plantaciones eran enormes y la tasa de mortalidad era tan alta que los plantadores preferían “gastar” esclavos y comprar nuevos antes que cuidarlos. En Chesapeake, en cambio, los blancos eran mayoría, las plantaciones más chicas, y la población esclava creció por reproducción natural en vez de sostenerse solo con nuevas importaciones. Esta diferencia demográfica, dice Bender, explica en parte por qué en Estados Unidos “ser negro” pasó a definirse en oposición a una mayoría blanca, mientras que en el Caribe británico ser negro no era sinónimo de ser minoría.

2. Wachtel: la desestructuración y el traumatismo de la conquista

Nathan Wachtel estudia el impacto de la conquista española sobre el Imperio Inca a través de un concepto central: la “desestructuración”. Con esto se refiere a que los españoles no destruyeron de un día para el otro las instituciones incaicas, sino que las mantuvieron en pie mientras las vaciaban de su sentido original, usándolas como herramientas para su propio beneficio. Por ejemplo, el sistema de encomienda se apoyó en alianzas con los curacas (jefes étnicos locales) para extraer tributo y trabajo, reutilizando una estructura de autoridad preexistente pero al servicio de un poder totalmente ajeno a la cosmovisión andina. El resultado no fue un “nuevo mundo” sino la erosión progresiva e irreversible de los lazos culturales que sostenían a la sociedad incaica.

Wachtel distingue causas externas e internas de esta catástrofe. Entre las externas están la violencia de la guerra de conquista, el sometimiento económico a través de la encomienda y el tributo, y sobre todo las epidemias: la viruela o rubéola que llegó incluso antes que los propios conquistadores y que mató al inca Huayna Cápac junto con su heredero designado, desatando una guerra de sucesión que Francisco Pizarro aprovechó; la epidemia de 1546 en Cuzco; y el ciclo devastador de 1585-1591, que combinó viruela, peste bubónica y tifus en distintas regiones del Perú. Entre las causas internas, Wachtel señala el descenso de la natalidad, el aumento de la mortalidad masculina adulta y hasta casos de suicidio provocados por la desesperación ante la ruptura de los lazos sociales tradicionales.

Las cifras que aporta Wachtel son contundentes: la población del Imperio Inca, estimada en unos ocho millones de habitantes hacia 1530, se redujo a aproximadamente 1,3 millones hacia 1590, es decir, una caída superior al ochenta por ciento en apenas sesenta años. El autor también muestra que esta catástrofe generó desequilibrios demográficos concretos: menos hombres adultos en relación con las mujeres, y una proporción alta de niños en la población total, afectada a su vez por picos de mortalidad infantil coincidentes con las epidemias.

Un aporte importante de Wachtel es que los pueblos originarios no fueron sujetos pasivos frente a esta catástrofe: existía lo que él llama una “conciencia indígena” del desastre demográfico, es decir, los propios pueblos andinos registraban en sus relatos y memoria colectiva que eran menos numerosos, que vivían menos años y que su salud había empeorado, y atribuían esto explícitamente a las epidemias, las guerras y los desplazamientos forzados vinculados al tributo. Esto es relevante para pensar que la catástrofe demográfica no solo se puede leer desde los números de los documentos coloniales, sino también desde la experiencia y la interpretación de quienes la sufrieron.

3. Presta: la sociedad colonial organizada en castas

Ana María Presta se ocupa de un momento posterior al de la conquista violenta: el de la consolidación de la sociedad colonial durante los siglos XVI y XVII. Su punto de partida es que la categoría de “raza” no era una realidad biológica sino una construcción cultural, útil para justificar la exclusión y la segregación social. Esta construcción tiene un antecedente muy concreto en la Península Ibérica: el concepto de “limpieza de sangre”, que exigía demostrar no tener ascendencia mora ni judía para acceder a determinados privilegios. Ese mecanismo de discriminación religiosa y étnica se trasladó a América y se convirtió en la base de la estratificación colonial, ahora organizada en torno a la diferencia entre españoles e indios, y luego complejizada por la esclavitud africana y el mestizaje.

Presta explica que los conquistadores no venían de la cima de la pirámide social española, sino que eran en su mayoría hidalgos sin fortuna, pequeños propietarios o gente del común que vio en América una oportunidad de ascenso social imposible en la península, donde la movilidad era muy limitada. La institución clave para ese ascenso fue la encomienda: la posibilidad de recibir tributo y trabajo de una población indígena determinada a cambio de la promesa de evangelizarla y protegerla. Con el tiempo, la corona fue reemplazando el poder autónomo de los encomenderos por una administración colonial más centralizada, pero mientras tanto, la encomienda funcionó como la puerta de entrada a la riqueza, la minería y el estatus social, plasmado en el uso del título “Don”.

Otro eje central del texto es la situación de los indios, organizados en categorías tributarias (originarios, forasteros, yanaconas) y concentrados por la fuerza en las “reducciones” o pueblos de indios, que buscaban facilitar el cobro de tributos y evitar el contacto con españoles, mestizos y negros. En paralelo funcionaba la mita, un sistema de trabajo forzado y rotativo, particularmente duro en la explotación minera de Potosí. Presta también destaca el rol de los curacas, que muchas veces lograron conservar o incluso aumentar su poder actuando como intermediarios entre la administración colonial y la población indígena, y el de los “indios ladinos”, que aprendieron español y se convirtieron en traductores, escribas o gestores legales capaces de litigar ante la justicia colonial.

Finalmente, Presta describe la aparición de las “castas”: las categorías intermedias (mestizo, mulato, zambo, cuarterón, entre muchas otras) que surgieron del mestizaje entre españoles, indios y negros. Estas categorías no eran solo etiquetas de color de piel, sino posiciones sociales con distinto acceso a derechos, oficios y matrimonio. Un dato importante para pensar la salud y el cuerpo en la colonia es que los esclavos africanos, aunque privados de libertad, ocupaban en ciertos aspectos un estatus superior al de los indios recién llegados a la esclavitud, y que existían mecanismos legales (la manumisión u “horría”) para obtener la libertad, generalmente ligados a la fidelidad del servicio doméstico o a la voluntad testamentaria del amo.

4. Dimunzio y García: las dolencias de los esclavos en la Córdoba tardocolonial

El trabajo de Karina Dimunzio y Claudia García se aparta del gran relato de la conquista para meterse en un caso muy concreto y local: cómo se documentaban y usaban las enfermedades de los esclavos en el mercado de compraventa de mano de obra esclava en la Córdoba de fines del período colonial. Las autoras trabajan con fuentes judiciales del Archivo Histórico de la Provincia de Córdoba (escribanías, expedientes civiles, juicios) porque las fuentes oficiales tradicionalmente usadas por la historiografía tienden a minimizar el universo social de los esclavizados; los pleitos judiciales, en cambio, dejan ver conflictos, reclamos y detalles cotidianos que otros documentos no registran.

Un hallazgo central del artículo es que la salud del esclavo era un dato económico de primera importancia en cualquier transacción de venta: aparecía la tasación del esclavo junto con su edad, su oficio y también sus dolencias (heridas, enfermedades crónicas, discapacidades). Cuando un comprador descubría después de la venta que el esclavo tenía una enfermedad oculta, podía iniciar un juicio para anular la venta o pedir una rebaja del precio, alegando fraude o engaño por parte del vendedor. Esto llevaba a que interviniera un médico o cirujano como perito, para certificar si la dolencia era preexistente a la venta y si había sido ocultada deliberadamente.

Las autoras reconstruyen varios casos judiciales concretos: mujeres y hombres esclavizados con tumores, sarna, dolores crónicos, problemas de columna o pulmonares, cuya condición de salud se discutía en detalle ante la justicia porque de eso dependía el precio, la validez de la venta o incluso el acceso a la libertad. En algunos de estos casos aparece explícitamente la posibilidad de que el propio esclavo, o quienes lo rodeaban, usaran la enfermedad como argumento estratégico: de ahí la pregunta que se hacen las autoras, “¿enfermar para ser libre?”, que apunta a que la dolencia física podía convertirse, paradójicamente, en una vía posible hacia la manumisión o hacia mejores condiciones de vida.

El artículo también deja ver el lugar ambiguo del médico en este entramado: no era solo quien cuidaba la salud, sino un actor que con su dictamen podía afectar directamente el valor económico de una persona esclavizada, validar o invalidar una venta, y decidir sobre reclamos de libertad. Esto conecta con los conceptos ya vistos en Presta y Wachtel: la enfermedad, lejos de ser un hecho puramente biológico, funcionaba dentro de una lógica de poder, mercado y jerarquía social muy similar a la que organizó toda la sociedad colonial desde la conquista.


Catástrofe demográfica

Descenso extremo y acelerado de la población originaria americana tras la conquista, documentado por Wachtel para el caso del Perú con una caída de más del ochenta por ciento entre 1530 y 1590. Se explica por la combinación de guerras, epidemias, sobreexplotación laboral y una caída de la natalidad. No fue uniforme: varió mucho según la región y el momento, siendo más aguda en los primeros veinte años posteriores a la conquista.

Desestructuración

Concepto de Nathan Wachtel para explicar cómo los españoles no destruyeron de golpe las instituciones incaicas sino que las mantuvieron funcionando de manera descontextualizada, al servicio del poder colonial. Esto erosionó de forma irreversible los lazos culturales y sociales que sostenían al mundo andino, generando lo que el autor llama “traumatismo de la conquista”.

Mundo isla / mundo océano

Par de conceptos que usa Thomas Bender para explicar el cambio de cosmovisión que produjo la expansión oceánica europea. Antes de 1492, distintas culturas se pensaban como habitantes de una “isla” rodeada por un océano desconocido; después, el océano se convirtió en un espacio de conexión global entre continentes, personas, mercancías y enfermedades.

Encomienda

Institución colonial que otorgaba a un español el derecho a recibir tributo y trabajo de un grupo de indígenas, a cambio de la obligación formal de evangelizarlos y protegerlos. Fue la principal vía de enriquecimiento y ascenso social de los primeros conquistadores, y a la vez uno de los mecanismos centrales de dominación y explotación sobre la población originaria.

Castas

Sistema de categorías sociales surgido del mestizaje entre españoles, indios y negros durante la colonia (mestizo, mulato, zambo, cuarterón, entre otras). No eran solo clasificaciones de color de piel: determinaban el acceso a derechos, oficios, matrimonio y movilidad social dentro de una sociedad estrictamente jerarquizada.

Complejo de las plantaciones

Sistema económico descripto por Bender, basado en la producción a gran escala de bienes de exportación (azúcar, tabaco, café) mediante mano de obra esclava intensiva. Fue mucho más brutal y sistemático que las formas previas de esclavitud o servidumbre, y explica por qué entre los siglos XVI y XIX cruzaron el Atlántico millones de personas africanas esclavizadas.

Mita

Sistema de trabajo forzado y rotativo impuesto por la administración colonial sobre la población indígena originaria en edad de tributar, especialmente utilizado para sostener la explotación minera de Potosí. Fue una de las principales causas de mortalidad masculina indígena durante la colonia.

Reducciones (pueblos de indios)

Asentamientos creados por la administración colonial para concentrar en un mismo lugar a la población indígena dispersa, con el objetivo de facilitar el cobro del tributo, el control y la evangelización, y de segregarla del contacto con españoles, mestizos y negros.

Indio ladino

Nombre que recibían, sobre todo en el siglo XVI, los indígenas que habían aprendido español y las formas culturales españolas, lo que les permitía actuar como intérpretes, escribas o intermediarios legales ante la justicia colonial, ganando así cierto margen de negociación dentro de un sistema profundamente desigual.


Dimensión Esclavitud en el Caribe (islas azucareras) Esclavitud en el sur de Norteamérica (Chesapeake)
Proporción de población esclava Entre 75% y 95% de la población Los blancos eran mayoría, incluso en el sur
Tamaño de las plantaciones Grandes, mínimo 50 esclavos, a veces 200-300 Más chicas y con cultivos más diversos
Tasa de mortalidad esclava Muy alta; se prefería reemplazar antes que cuidar Más baja; la población esclava creció por reproducción
Origen del crecimiento poblacional esclavo Importación constante desde África Reproducción natural dentro de la colonia
Legado racial resultante Ser negro no equivale a ser minoría social La mayoría blanca se define en oposición a la población negra