Saltar al contenido
Índice de contenido
Sampieri, Cañón, Pineda · UNMDP · 2026
Núcleo 5

Núcleo 5: Pregunta-Problema de Investigación

Explica qué es un problema de investigación, cómo se formula la pregunta que lo expresa, en qué se diferencia de una pregunta clínica y cómo se evalúa si una pregunta es pertinente.

Esta clase trata sobre uno de los pasos más importantes —y más difíciles— del proceso de investigación: definir con precisión qué es lo que se quiere investigar. Para eso hay que entender qué es un problema de investigación, cómo se transforma en una pregunta bien formulada, y cómo saber si esa pregunta vale la pena hacerla. Sin una buena pregunta, la investigación no tiene rumbo: los recursos se desperdician, los errores se multiplican y los resultados no sirven para nada concreto.

El contenido integra tres fuentes complementarias. Pineda y colaboradoras explican cómo se delimita un problema desde un área temática amplia hasta una pregunta específica y formulan los criterios clásicos de redacción. Sampieri aporta el contexto de cómo nacen las ideas de investigación y por qué es necesario afinarlas antes de empezar a investigar. Cañón y Buitrago-Gómez ofrecen una guía práctica para formular preguntas en la práctica clínica, incluyendo la estrategia PICO y sus variantes según el tipo de pregunta (descriptiva, analítica, diagnóstica, pronóstica, cualitativa).

Para un estudiante de medicina, esta clase es especialmente relevante porque en el futuro vas a tener que distinguir constantemente entre dos tipos de preguntas que parecen similares pero son muy diferentes: la pregunta clínica (que busca una respuesta que ya existe en la literatura) y la pregunta de investigación (que señala un vacío de conocimiento que todavía nadie resolvió). Confundirlas lleva a hacer estudios innecesarios o, peor, a no hacer los necesarios.


1. El problema de investigación: qué es y de dónde viene

Antes de hablar de preguntas hay que entender qué es un problema de investigación. Rovere lo define como una brecha entre la realidad observada y el valor o deseo de cómo debería ser esa realidad para un determinado observador. Dicho de otra manera: hay algo que ocurre en el mundo y que no debería ocurrir así, o algo que no sabemos y deberíamos saber. Esa tensión entre lo que hay y lo que queremos que haya —o entre lo que sabemos y lo que nos falta conocer— es el motor de la investigación.

Pineda y colaboradoras agregan una definición complementaria: un problema de investigación existe cuando el investigador percibe un vacío o una dificultad en el conocimiento de la realidad que le demanda una respuesta. Esto puede ocurrir porque no sabemos cómo ocurre cierto fenómeno, porque no podemos explicar por qué ocurre, o porque la información disponible es insuficiente para generar conclusiones sólidas. A ese vacío se lo llama gap de conocimiento. En medicina, un ejemplo concreto: durante décadas no se sabía qué causaba la úlcera gástrica. Ese desconocimiento era un gap; la investigación de Marshall y Warren que identificó al Helicobacter pylori como agente causal fue la respuesta a ese problema.

Los problemas de investigación tienen dos grandes orígenes. El primero es teórico: el cuerpo de conocimientos acumulado en un área presenta vacíos, inconsistencias o explicaciones insatisfactorias que invitan a ser revisadas. El segundo es práctico: la experiencia clínica o de salud pública genera situaciones concretas que requieren explicación o solución. En la medicina, ambos orígenes se superponen permanentemente: lo que observamos en la clínica dispara preguntas, y lo que encontramos en la literatura nos muestra dónde está el vacío.

2. Del área-problema a la pregunta: el proceso de delimitación

Cuando alguien empieza a pensar en investigar, casi siempre tiene en mente un tema amplio y vago. Por ejemplo: “me interesa la diabetes”, “quiero estudiar la salud mental en adolescentes”, “me preocupa el abandono del tratamiento en pacientes con tuberculosis”. Eso es lo que Pineda llama un área-problema o tema de investigación. El problema es que un área es demasiado grande para investigarla toda: no hay recursos, ni tiempo, ni metodología capaz de abordar “la diabetes” en su totalidad.

El proceso de delimitación consiste en ir recortando progresivamente el área hasta llegar a uno o dos aspectos específicos que sí puedan investigarse. Por ejemplo, del área “abandono del tratamiento en tuberculosis” se puede llegar a: “¿Cuáles son los factores socioeconómicos asociados al abandono del tratamiento antituberculoso en pacientes adultos atendidos en el hospital X durante el año Y?” Esa pregunta ya es específica, acotada y manejable. Delimitar no significa trivializar: significa ser honesto sobre lo que se puede responder con los recursos disponibles. También significa no caer en el extremo opuesto, que es recortar tanto el problema que terminemos estudiando un fragmento tan pequeño de la realidad que el resultado no le sirva a nadie.

Sampieri aporta otro ángulo útil: las ideas de investigación surgen de muchos lugares (la lectura, la experiencia clínica, la observación de problemas cotidianos, las conversaciones con colegas), pero casi siempre comienzan siendo vagas e imprecisas. Para poder investigarlas, hay que familiarizarse con el campo de conocimiento en el que se ubican: leer lo que ya se hizo, hablar con expertos, revisar cómo otros investigadores abordaron problemas similares. Ese proceso de inmersión es el que permite afinar la idea inicial y transformarla en una pregunta de investigación viable.

3. Los criterios de redacción del problema: qué tiene que tener una buena pregunta

Una vez delimitado el problema, hay que formularlo como pregunta. Kerlinger, citado por Pineda, establece cinco criterios que una pregunta de investigación bien formulada debería cumplir. El primero es que debe expresar una relación entre variables. La mayoría de los problemas de investigación involucran al menos dos variables que se quiere relacionar: por ejemplo, “factores socioeconómicos” y “rendimiento académico”, o “tratamiento con fluoxetina” y “calidad de vida”. Las excepciones son las investigaciones puramente descriptivas, donde se describe una sola variable (como la prevalencia de una enfermedad en una población).

El segundo criterio es que debe estar formulada como pregunta, de la manera más clara y sin ambigüedades posible. La pregunta es la forma más directa de expresar lo que se quiere investigar, y ayuda al investigador a visualizar qué necesita para responderla. El tercero —y el más difícil de satisfacer— es que debe posibilitar la prueba empírica: las variables que menciona tienen que ser medibles y observables, y la relación entre ellas tiene que poder verificarse. Si una pregunta no puede someterse a prueba empírica, por más interesante que sea filosófica o éticamente, no es una pregunta científica de investigación. El cuarto y quinto criterios son definir la dimensión temporal y espacial (dónde y cuándo se realizará el estudio) y especificar la población que se va a investigar. Un ejemplo que cumple todos estos criterios: “¿Cuáles son algunos factores socioeconómicos y culturales relacionados con el rendimiento académico de los estudiantes del programa de auxiliares de enfermería del Centro Nacional de Adiestramiento en Honduras durante el año 1989?”

Además de estos criterios formales, Pineda señala que antes de embarcarse en una investigación hay que evaluar la factibilidad y viabilidad del estudio: ¿hay recursos humanos, económicos y materiales suficientes? ¿Es posible acceder a la población? ¿Hay problemas éticos o legales? ¿Los hallazgos podrán generalizarse? Estas preguntas no deben convertirse en excusas para no investigar, pero sí deben responderse honestamente antes de comprometer tiempo y recursos.

4. Pregunta de investigación vs. pregunta clínica: una distinción clave

En medicina es muy común confundir dos tipos de preguntas que parecen similares pero tienen naturaleza y propósito completamente distintos. Una pregunta clínica es la que surge en la práctica asistencial: un médico se pregunta, frente a un paciente, cuál es el mejor tratamiento para su condición, cuál es la sensibilidad de cierto test diagnóstico, o cuál es el pronóstico de su enfermedad. Esa pregunta tiene respuesta: alguien ya la investigó, y esa respuesta está disponible en la literatura. El instrumento para responderla es la medicina basada en evidencia: se busca en las publicaciones, se evalúa la calidad de los estudios y se aplica la evidencia al caso concreto.

Una pregunta de investigación, en cambio, señala un vacío de conocimiento que todavía no tiene respuesta en la literatura científica. Es un interrogante estructurado sobre un tema de interés a partir de un problema que la comunidad científica no ha resuelto. La diferencia es crucial: si la respuesta ya existe, hacer un estudio nuevo para encontrarla es un desperdicio de recursos (y puede ser éticamente cuestionable si implica exponer pacientes a procedimientos). Si la respuesta no existe, no buscarla es un problema para el avance del conocimiento y para la práctica clínica. En la práctica, una pregunta clínica puede convertirse en pregunta de investigación: cuando se busca en la literatura y se descubre que la evidencia es insuficiente, contradictoria o ausente, ese hallazgo transforma la pregunta clínica en un gap de conocimiento que amerita investigación.

Un ejemplo concreto: “¿debo darle metformina a este paciente diabético tipo 2 con función renal levemente reducida?” es una pregunta clínica (hay guías y evidencia que la responden). “¿Cuál es la frecuencia de abandono del tratamiento con metformina en pacientes diabéticos tipo 2 con función renal reducida en hospitales del sector público del Gran Buenos Aires durante 2024?” es una pregunta de investigación, porque probablemente no haya datos locales disponibles y ese vacío importa para la política sanitaria.

5. FINER: cómo evaluar si una pregunta vale la pena

Una pregunta puede estar bien formulada técnicamente y ser un desastre como proyecto de investigación. Para evaluar si una pregunta de investigación es realmente valiosa, Cañón y Buitrago-Gómez presentan los criterios FINER: Factibilidad, Interés, Novedad, Ética y Relevancia. Cada criterio apunta a un aspecto distinto de la calidad de la pregunta.

La factibilidad pregunta si la investigación puede llevarse a cabo con los recursos disponibles: tiempo, dinero, acceso a la población, personal capacitado. El interés pregunta si el investigador está genuinamente motivado por la pregunta, porque investigar algo que no nos importa es casi imposible sostener a lo largo de un proceso que suele ser largo y frustrante. La novedad pregunta si la pregunta aporta algo nuevo al conocimiento: puede confirmar hallazgos previos en un contexto diferente, refutarlos con nueva evidencia, ampliarlos o abrir líneas completamente inexploradas. La ética pregunta si la investigación puede realizarse respetando los principios establecidos en la Declaración de Helsinki y las regulaciones locales: que no se dañe a los participantes, que haya consentimiento informado, que los riesgos sean proporcionales a los beneficios esperados. La relevancia pregunta si los resultados de la investigación van a importarle a alguien más allá del investigador: a la ciencia, a la sociedad, a la política sanitaria, a la práctica clínica. Una buena pregunta de investigación, cuando se contesta, no cierra puertas sino que abre nuevas preguntas.

En la clase se enfatizó que estos criterios son especialmente importantes cuando somos nosotros los que formulamos la pregunta y vamos a realizar la investigación. Un equipo pequeño de estudiantes no puede responder las mismas preguntas que un grupo de investigación financiado por el estado: la factibilidad de una pregunta siempre es relativa al contexto en que se va a investigar.

6. Estructura y clasificación de las preguntas: PICO y sus variantes

Para ayudar a formular preguntas de investigación en contextos clínicos, existe la estrategia PICO (o PICOT, PICOM, según la variante). Esta estructura organiza los elementos básicos de una pregunta analítica cuantitativa: P (Población: quiénes son los sujetos del estudio), I (Intervención, exposición o técnica diagnóstica que se evalúa), C (Comparación: con qué se compara la intervención), O (Outcome o desenlace: qué se mide como resultado), y opcionalmente T (Tiempo: cuándo se mide el resultado) y M (Medición: qué se quiere medir exactamente, por ejemplo riesgo, efectividad, sensibilidad).

Las preguntas de investigación se clasifican según tres dimensiones. Por intencionalidad: descriptivas (se describe un fenómeno sin comparar ni intervenir; por ejemplo, la prevalencia de un trastorno en una población) o inferenciales/analíticas (se comparan intervenciones, técnicas o exposiciones para determinar su asociación con un desenlace). Por finalidad: cuantitativas (se busca medir variabilidad de aspectos clínicos o epidemiológicos) o cualitativas (se buscan nuevas categorías, procesos, significados, percepciones). Por contexto clínico: etiológicas o de causalidad (identifican factores de riesgo), diagnósticas (evalúan la capacidad de una prueba para detectar una enfermedad), de intervención (evalúan tratamientos preventivos o curativos), y pronósticas (predicen la evolución de una condición en el tiempo).

Un ejemplo de pregunta de intervención con estructura PIMCOT: “En adultos con depresión mayor moderada en una clínica psiquiátrica (P), ¿la fluoxetina vía oral a dosis de 20-80 mg (I) es más efectiva (M) que la terapia cognitivo-conductual dos sesiones por semana (C) para aumentar la calidad de vida relacionada con la salud (O) a los 12 meses de iniciado el tratamiento (T)?” Cada elemento de la pregunta orienta una decisión metodológica: la P define los criterios de inclusión y exclusión de la muestra; la I y la C definen el diseño del estudio; la O define qué instrumento se va a usar para medir el resultado; la T define el seguimiento.

7. La pregunta de investigación en abordajes cualitativos

Las preguntas de investigación cualitativa tienen características muy diferentes a las cuantitativas, y entenderlas es importante para no aplicar los mismos criterios a situaciones que requieren otra lógica. En la investigación cualitativa, el proceso no va del problema directamente a la pregunta final: hay una espiral de aproximaciones progresivas. Se parte de un campo de interés amplio, se formula una pregunta inicial, se hace una fase exploratoria (revisión bibliográfica, entrevistas exploratorias), y a partir de eso se afinan tanto el marco teórico como la pregunta de investigación. Esto significa que la pregunta inicial en una investigación cualitativa no tiene por qué ser la pregunta final: es una pregunta guía que puede reformularse durante el proceso de campo. Esa flexibilidad no es un defecto sino una característica constitutiva del abordaje.

Aun así, las preguntas cualitativas deben cumplir criterios de claridad, factibilidad y pertinencia. La claridad implica tener bien definida la unidad de análisis (¿a quién o qué voy a estudiar?), los conceptos clave que se pretenden explorar, el tiempo y el espacio del estudio, y una idea de la metodología que se va a usar. La factibilidad plantea si es posible responder esa pregunta con los recursos disponibles. La pertinencia evalúa si la pregunta se articula con las problematizaciones actuales que se hacen en ese campo de conocimiento.

Cañón y Buitrago-Gómez señalan que las preguntas cualitativas no siguen la estructura PICO y tienen una conformación más amplia y flexible. Se identifican tres componentes: el fenómeno o situación central que se quiere estudiar, lo que el investigador pretende conocer sobre ese fenómeno, y la población y su contexto. Suelen comenzar con “cómo”, “qué” o “cuál” antes que con “por qué”. Flick distingue dos tipos de preguntas cualitativas: las que definen estados (dan cuenta de cómo es, cómo se produce, cómo se estructura un fenómeno) y las que describen procesos (cómo se desarrolla, cómo cambia, qué relaciones va teniendo un fenómeno a lo largo del tiempo).


Problema de investigación

Una brecha entre la realidad observada y el valor o deseo de cómo debería ser esa realidad (Rovere). También puede definirse como un vacío o dificultad en el conocimiento de la realidad que el investigador percibe y que le demanda una respuesta. El problema es el motor que da origen a la investigación.

Gap de conocimiento

Vacío en el conocimiento científico sobre un tema: algo que la comunidad científica no sabe o no ha podido explicar todavía. Identificar un gap es el punto de partida de una investigación. Si el gap no existe (la respuesta ya está en la literatura), hacer el estudio es redundante.

Área-problema

Tema amplio y general del que surge el problema específico de investigación. Por ejemplo, “ecología y salud” o “abandono del tratamiento en tuberculosis”. El área-problema es el punto de partida, no el destino: hay que delimitarla progresivamente hasta llegar a una pregunta manejable y específica.

Pregunta de investigación

Interrogante estructurado que el investigador formula sobre un tema de interés a partir de un problema que la comunidad científica no ha resuelto. Debe expresar una relación entre variables (en la mayoría de los casos), estar formulada con claridad, posibilitar la prueba empírica de sus variables, y situar el estudio en tiempo, espacio y población.

Pregunta clínica

Interrogante que surge en la práctica asistencial individual y cuya respuesta ya existe en la literatura científica. Se responde a través de la medicina basada en evidencia (búsqueda bibliográfica, evaluación crítica de estudios). Se diferencia de la pregunta de investigación en que no señala un vacío de conocimiento sino una laguna del conocimiento del propio médico.

Criterios FINER

Acrónimo para evaluar la calidad de una pregunta de investigación: Factibilidad (¿puede hacerse con los recursos disponibles?), Interés (¿motiva al investigador?), Novedad (¿aporta algo nuevo?), Ética (¿respeta los principios éticos de la investigación?) y Relevancia (¿importa para la ciencia, la sociedad o la práctica clínica?).

Estrategia PICO

Estructura para formular preguntas de investigación cuantitativas analíticas en contextos clínicos: Población, Intervención (o exposición o técnica diagnóstica), Comparación, Outcome (desenlace). Puede extenderse a PICOT (agregando Tiempo) o PICOM (agregando Medición). Cada elemento orienta una decisión metodológica en el diseño del estudio.

Delimitación del problema

Proceso de recortar progresivamente un área-problema amplia hasta seleccionar uno o dos aspectos específicos que puedan investigarse con los recursos disponibles. Delimitar no significa trivializar: significa ser preciso y honesto sobre lo que se puede responder. No hay que caer en el extremo de recortar tanto que el fragmento estudiado no sea significativo.

Prueba empírica de las variables

Criterio de Kerlinger que exige que las variables mencionadas en la pregunta sean medibles y observables, y que la relación entre ellas pueda verificarse. Si esto no se cumple, la pregunta puede ser filosóficamente interesante pero no es científica. Es el criterio más difícil de satisfacer y el que más frecuentemente falla en preguntas mal formuladas.


Dimensión Pregunta clínica Pregunta de investigación
Propósito Resolver una duda del médico para tomar una decisión clínica Llenar un vacío de conocimiento que la comunidad científica no resolvió
Respuesta disponible Sí, está en la literatura (libros, guías, publicaciones) No, o es insuficiente, contradictoria o inexistente
Herramienta para responderla Medicina basada en evidencia (búsqueda bibliográfica) Diseño y ejecución de un estudio de investigación
Alcance Individual: guía la decisión para un paciente o situación concreta Colectivo: genera conocimiento aplicable a poblaciones
Relación entre ambas Una pregunta clínica puede convertirse en pregunta de investigación si al buscar en la literatura no se encuentra respuesta suficiente Una pregunta de investigación respondida se convierte en evidencia que alimenta futuras preguntas clínicas